APUNTES RELIGIÓN 2º de ESO

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Tema 1: Versión Libro

Tema 1. Recursos y metodología

 

 

2º ESO: T.1.: ¿Quienes somos?

La persona está formada por diferentes dimensiones o aspectos fundamentales:
el cuerpo, la inteligencia, la afectividad, la individualidad, la sociabilidad y la espiritualidad.
El siguiente cuento enseña la importancia de desarrollar la dimensión espiritual: escuchar y cuidar la propia alma para ser más feliz con Dios, con los demás, consigo mismo y con la naturaleza.

1.1 Cuento: «El pájaro del alma»

En lo más hondo del cuerpo habita el alma. Nadie la ha visto nunca, pero sabemos que existe y que vive en nuestro interior. Dentro del alma, en su centro, está, de pie sobre una sola pata, un pájaro: el pájaro del alma.
Él siente todo lo que nosotros sentimos. Cuando alguien nos hiere, recorre nuestro cuerpo con fuertes dolores. Cuando alguien nos quiere, salta de alegría en nuestro interior. Cuando alguien nos llama por nuestro nombre, presta atención a la voz, para averiguar qué clase de llamada es esa. Cuando alguien se enfada con nosotros, se queda silencioso y triste. Y cuando alguien nos abraza, le hace tanto bien que crece hasta llenar nuestro cuerpo.
El pájaro del alma está hecho de muchos cajones. Cada uno está cerrado por una llave especial. Y solamente él puede abrirlos con su otra pata.
Él tiene cajones para todo lo que sentimos: ¡Un cajón para cada sentimiento!
Un cajón para la alegría y un cajón para la tristeza. Uno para la envidia y otro para la esperanza. Uno para la decepción y otro para la desesperación. Uno para la paciencia y otro para la impaciencia. Un cajón para el odio y otro para el enfado. Uno para la pereza, otro para nuestro vacío y otro para los secretos más ocultos.
Y hay más cajones. Cada persona puede añadir todos los que quiera. También, puede elegir y decirle qué llaves girar, y qué cajones abrir. Pero, a veces, es el pájaro quien decide. Por ejemplo, cuando la persona quiere callar y le ordena abrir el cajón del silencio; pero el pájaro abre el cajón de la voz, y la persona habla sin parar.
Cada persona es diferente por el pájaro del alma que lleva dentro.
Un pájaro abre cada mañana el cajón de la alegría, y la alegría se desparrama por el cuerpo, y la persona se siente feliz. Otro pájaro, en cambio, abre el cajón del enfado, y la persona se siente enfadada. Un pájaro que se siente mal abre cajones desagradables. Un pájaro que se siente bien elige cajones agradables. Por ello, hay que cuidarlo y escucharlo atentamente. Él nos llama. Desea ser nuestro amigo. Pero pocas veces lo escuchamos y vivimos como si no existiera. Hay quien se hace amigo del pájaro. Hay quien lo cuida y lo escucha a menudo. Hay quien rara vez lo escucha. Hay quien ni siquiera cree que exista. Por eso, si queremos encontrar la verdadera felicidad, es
conveniente, en el silencio de la noche, escuchar al pájaro del alma que habita en nuestro interior.
(Adaptación de El pájaro del alma, de Mijal Snunit. FCE, México, 1993).

1 ¿Qué es el alma? ¿Y el «pájaro del alma»? ¿Dónde vive?
2 ¿Por qué es importante escuchar y ser amigo del «pájaro del alma»?
3 ¿Qué frase o parte del cuento te gusta más? ¿Por qué?
4 ¿Qué te enseña este cuento?
5 Prepara un debate siguiendo estos pasos:
a) Escribe, en un papel y de forma anónima, un buen sentimiento para ser feliz. Y en otro papel, un sentimiento negativo.
b) Deposita cada papel en una caja diferente.
c) Cuando estén dentro los papeles de todos los compañeros, elige uno bueno y otro malo, y léelos en voz alta.
6    Después de leer todos los papeles, participa en el debate contestando a las preguntas:
a) ¿Cuáles son los tres mejores sentimientos que debemos desarrollar para ser felices? ¿Y
cuáles debemos evitar? ¿Por qué?
b) ¿Qué podemos hacer para ser amigos de nuestro «pájaro del alma» y hablar con él?

2.1 La persona ha sido creada a imagen de Dios
El ser humano es creado por Dios, libre e inteligente y a su imagen y semejanza. Por ello es una criatura con un origen divino y la única que puede conocer y amar a su Creador. Esta condición y este origen le dan una dignidad única y una posición privilegiada en la Creación, que le hace diferente de los animales y de todos los demás seres vivos.
«El hombre es la cumbre de la Creación, porque Dios lo creó a su imagen. (…) El hombre debe honrar al Creador en las criaturas y tratarla con cuidado y responsabilidad. Los hombres, los animales y las plantas tienen el mismo Creador, que por amor los llamó a la existencia.
Por ello el amor a los animales es profundamente humano. (…) A diferencia de los seres inanimados, de las plantas y de los animales, el hombre es una persona dotada de espíritu. Esta característica lo vincula más a Dios que a las demás criaturas visibles». (YOUCAT. Catecismo Joven de la Iglesia Católica, 2011, n.os 56, 57 y 58).

2.2 La persona es un ser religioso
En el ser humano existe un deseo profundo de buscar y encontrar a Dios para unirse a Él y vivir eternamente. A esta capacidad humana de relacionarse con Dios se le llama religiosidad.
La religiosidad es el aspecto más profundo de la dimensión espiritual.
Para llegar a ser una persona verdaderamente religiosa, es necesario desarrollar la propia espiritualidad. La fe en Dios y las religiones demuestran que la persona es un ser religioso.

2.3 La persona y las religiones
Las religiones son expresiones sociales para relacionarse con Dios.
Dan un sentido último a la vida; ayudan a ser más feliz con Dios, con los demás, con uno mismo y con el medio ambiente; ofrecen la salvación y la vida eterna; enseñan a ser mejor persona y ciudadano; desarrollan la cultura, la moral, los valores, las virtudes, etc.
El cristianismo es la religión más personal porque se conversa con Dios Padre, Jesucristo y María, de tú a tú.

2.4 La persona para el cristianismo
El cristianismo interpreta de forma completa al ser humano: todas sus dimensiones son igual de buenas e importantes. Por ello, ayuda a que cada persona desarrolle completamente todas sus dimensiones y así sea más feliz, libre, inteligente y solidaria. La fe cristiana enseña estas verdades sobre el ser humano:
❚ La persona ha sido creada por Dios a su imagen y semejanza (Gén 1, 27). Cada persona es única e irrepetible.
❚ La persona es un ser corporal y espiritual. El espíritu y el cuerpo forman una completa unidad: «El hombre es una unidad de cuerpo y alma». (Catecismo de la Iglesia Católica, 1999, n.º 382).
❚ La persona es un ser religioso. Solamente el ser humano puede conocer y amar a Dios. Su fin último es vivir eternamente con Dios en completa unión y felicidad.
❚ La persona se convierte en hijo de Dios por la fe en Jesucristo (Jn 1, 12) y por el sacramento del Bautismo.
❚ Cada persona, por su origen divino y por su identidad única, posee un valor absoluto y una dignidad única. Para el cristianismo, cada ser humano posee un valor absoluto
y una dignidad única y personal.

1 En pareja, preparad la presentación de uno de los apartados:
a) Escribid un breve resumen.
b) Leedlo y explicadlo a la clase.
2 Contesta y dialoga con argumentos:
a) ¿Crees que la persona ha sido creada por Dios y tiene un origen divino? ¿Por qué?
b) ¿Qué diferencias existen entre el ser humano y los animales? ¿Tienen la misma dignidad? ¿Por qué?
3 Busca en Internet pensamientos relacionado con el término «persona». Selecciona una
frase y explícala a la clase.

http://www.pensamientos.org/pensamientospersona.htm

https://epe.edebe.com/epe/content/25822/detail

https://epe.edebe.com/content/view/27672/0/0/flash/index.html

TODOS TENEMOS LOS MISMOS DERECHOS

https://epe.edebe.com/content/view/27672/0/0/flash/index.html

RELACIONAR VÍDEOS Y PARÁBOLA MT 25, 31-40:

http://www.espaciosagrado.com/node/186689

10 – YOUCAT 61: – ¿En qué consiste la igualdad de todos los hombres? Todos los hombres son iguales porque tienen el mismo origen en el único amor creador de Dios. Todos los hombres tienen en Jesús su salvador. Todos los hombres están destinados a encontrar su felicidad y su bienaventuranza eterna en Dios. Por ello todos los hombres son hermanos y hermanas. Los cristianos no sólo deben ser solidarios con otros cristianos, sino con todos los hombres y oponerse enérgicamente a divisiones racistas, sexistas y económicas de la única familia humana.

11 –  La acción por los derechos humanos

La Iglesia Católica cuenta con un gran número de organizaciones, que asumen tareas específicas, dentro del objetivo común de la promoción de los derechos fundamentales del hombre; unas se especializan en la información de situaciones de injusticia, otras se aplican a promover y financiar planes de mejora de vida, de promoción cultural, de asesoramiento de técnicas nuevas… y las hay con una actividad asistencial para paliar casos de extrema necesidad; con ellas colabora con el esfuerzo internacional por la defensa de los derechos humanos.

La Santa Sede cuenta con la Comisión Pontificia de Justicia y Paz (Pablo VI la fundará en 1967), institución que trata de la defensa de los derechos humanos, especialmente los relacionados con la Justicia y con la Paz.

Cuenta en cada país con un organismo llamado “Justicia y Paz”, que depende de las respectivas Conferencias Episcopales. (organización de actos relacionados con la paz, el desarrollo, la solidaridad de las personas y los pueblos en relación con la justicia y la paz; la difusión de la enseñanza católica sobre la justicia y la paz; la participación en foros y convenciones internacionales y nacionales dedicados a la defensa de los derechos humanos)

Principales campos de denuncia de los derechos humanos

La vigilancia y denuncia respecto a las transgresiones que puedan cometerse en nuestras sociedades contra los derechos del hombre se dirigen primordialmente:

  • A la tortura y a malos tratos a las personas detenidas.
  • A las condiciones de vida y de trato en los establecimientos penitenciarios.
  • A la defensa de los objetores de conciencia y al reconocimiento de sus derechos.
  • A la protección de las personas afectadas por el problema del paro y desempleo.
  • Al amparo de los que se sienten dañados por los retrasos y otras anomalías en la administración de la justicia.
  • A denunciar aquellas condiciones de vida poco favorables a una convivencia en paz y al pleno reconocimiento de los derechos fundamentales del hombre.

14 – https://es.slideshare.net/gersonsanchezalexanderbrito/situaciones-que-atentan-contra-la-dignidad-humana-y-los-derechos-humanos?next_slideshow=1

Unidad 1 – 2º ESO: Eres único… ¡Gracias a Dios! Una propuesta de Aprendizaje Servicio

 

La originalidad del Ser Humano

¿Tiene el ser humano una dignidad que los animales no tienen? ¿De dónde brota la dignidad del Ser Humano? Son preguntas que nos sirven para dar comienzo a esta unidad en la que vamos a empezar cuestionándonos por nuestra vida y vamos a acabar intentando hacer la de los demás un poquito mejor… ¿Vamos a por ello?

Vamos a hacer un KPSI 

Antes de empezar cualquier Unidad (en cualquier asignatura), es bueno que sepas qué es lo que sabes, y también es bueno que cuando acabe la Unidad puedas saber qué es lo que has aprendido. Para ello, te propongo esta sencilla herramienta, el KPSI (Knowledge Prior Study Inventory), o sea, una herramienta para saber qué sabes antes de empezar.

 

Observa la siguiente tabla:

 

 Afirmaciones Comienzo Fin
1. Sabría explicar y fundamentar las diferencias que hay entre el ser humano (creado a imagen y semejanza de Dios) y los animales.
2. Tengo consciencia de que cuando decimos que algo o alguien es creado, tiene que ver con una visión religiosa de la vida.
3. Soy capaz de explicar el origen de la dignidad del ser humano como criatura de Dios.
4. Sabría explicar desde mi punto de vista el sentido y la finalidad de la acción humana.

Copia en tu agenda los números de las afirmaciones y al lado de cada uno de los números puntúa del 1 al 4 según esta leyenda:

  • 1=No lo sé.
  • 2=Me suena, pero no lo entiendo.
  • 3=Creo que lo sé, pero no podría explicarlo bien.
  • 4=Lo sé y se lo podría explicar a mis compañeros.

Esto es para ti. Lo repetiremos al final del tema para ver qué es lo que ha cambiado y si has aprendido nuevos contenidos.

 

Hilos conductores de nuestra Unidad 

Son como las grandes preguntas que nos hacemos y que de alguna manera intentaremos responder juntos en el desarrollo de la Unidad. Te propongo estos… Pero si quieres, los ampliamos:

  • ¿Qué es lo que nos hace ser humanos?
  • ¿Qué papel tenemos en la conservación del mundo?
  • ¿Qué significa que el mundo sea creación de Dios?
  • ¿De dónde surge la dignidad del ser humano?

 

Metas de comprensión

Las metas de comprensión son aquellas cuestiones que a mí como profe me interesa que aprendas y comprendas a lo largo de esta Unidad. Estas son las que te propongo para este tema:

  1. Quiero que mis alumnos comprendan las diferencias que hay entre el ser humano y los animales.
  2. Quiero que mis alumnos comprendan la relación que existe entre la condición de criatura y el origen divino.
  3. Quiero que mis alumnos comprendan de dónde brota la dignidad del ser humano, tanto a nivel laico como religioso.
  4. Quiero que mis alumnos comprendan y entiendan el sentido y la finalidad de la acción humana.

Desempeños para llevar a cabo los diferentes aprendizajes

1. Desempeños preeliminares

Desempeño 1: Aprendiendo a mirar la realidad

  • Metas de comprensión que voy a trabajar:  1, 3
  • Inteligencias múltiples que se trabajan:
    • Principal: Inteligencia espiritual
      • Objetivos: Establecer relaciones intensas consigo mismo, los demás y con el tópico generador del tema. Implicarse emocionalmente, sintiéndose interpelados por una actividad y una estructura cooperativa.
      • Actividades:
        • Rutina de pensamiento palabra, idea, frase
        • Compartimos mediante la  estructura cooperativa 1-2-4.
    • Otras inteligencias trabajadas:
      • Verbal y Lingüística: recoger y anotar pensamientos e ideas en un organizador gráfico.
      • Naturalista: preguntarse los nexos causales del significado de la realidad que nos rodea.
      • Intrapersonal: reconocer las dimensiones afectivas que suscita este tema en cada uno de los alumnos… ¿hay elementos en tu vida que susciten la misma experiencia que el jarro de agua?
      • Interpersonal: aprende a apoyarse en los demás para elaborar sus propios argumentos.
  • Competencias: CCL, CD, CPAA, CSC, CEC.
  • Estándares de aprendizaje (ver anexo): 1.1., 2.1, 3.1,
  • Materiales:

Vamos a hacer una rutina de pensamiento que se llama «Palabra, Idea, Frase«:  Antes de comenzar nuestra unidad, leer unos textos:

El hombre es una criatura singular. Posee un cúmulo de dones que lo hacen único entre los animales: a diferencia de ellos, no es una figura del paisaje, es un modelador de este.

(Bronowski Jacob, El Ascenso del Hombre)

Salí demasiado pronto, prematuro, ni hecho ni por hacer, tan poco acabado que habría debido fallecer sin dejar huella. Tabiques cardíacos sin cerrar, inmadurez postnatal del sistema nervioso, insuficiencia de los alvéolos pulmonares, circunvoluciones cerebrales a duras penas desarrolladas, crecimiento físico insuficiente respecto a las normas constatadas en los demás mamíferos…

(Dany Robert Dufour. Carta sobre los neotenes, los axolotl y las Venus de Botero)

…que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.

(UNESCO, 1982: Declaración de México)

 



Juntos ahora, hacemos la rutina de pensamiento: Palabra-Idea-Frase
(http://www.porlainnovacioneducativa.es/?p=1533)

Organizador gráfico de Palabra-Idea-Frase. Tomado de: https://es.pinterest.com/pin/14918242491727378/

 

Desempeños de investigación guiada

Desempeño 2: Eres muy digno

  • Metas de comprensión que voy a trabajar:  1, 2, 3 y 4
  • Inteligencias múltiples que se trabajan:
    • Principal: Inteligencia verbal-lingüística
      • Objetivos: aprender a escuchar una lección magistral comprendiendo conceptos.
      • Actividades:
        • Escucha activa de la explicación magistral del profesor
        • Interacciones con compañeros y profesor para comprender mejor el tema expuesto (estructuras cooperativas).
        • Desarrollo de preguntas mediante la estructura cooperativa: 1-2-4.
        • Rutina de pensamiento Color, Símbolo e Imagen sobre el tema.
    • Otras inteligencias:
      • Intrapersonal: Aprender la habilidad de concentrar la mente en una idea o tarea.
      • Naturalista: Aprender a hacerse preguntas de sentido sobre lo que nos rodea.
      • Interpersonal: llevar a cabo tareas de aprendizaje en grupo cooperativo.
      • Espiritual: Hacerse preguntas sobre la transcendencia y buscar ejemplos para elementos de la realidad a los que les damos sentido transcendente.
      • Visual-Espacial: expresar conceptos con imágenes.
  • Competencias:  CL, AA, CSC, CEC
  • Estándares de aprendizaje (ver anexo): 1.1., 1.2.
  • Evaluación (5%):
    • Cada grupo debe entregar su lista de preguntas sobre el tema tipo plickers. Se llevarán a cabo en la siguiente clase.
  • Materiales:

Apuntes de la Unidad 1

 

 

Desempeño 3: Aprendiendo a pensar diferente y debatir

  • Metas de comprensión que voy a trabajar:  3, 4
  • Inteligencias múltiples que se trabajan:
    • Principal: Interpersonal
      • Objetivos: Repartir el aprendizaje entre los diferentes miembros del grupo de manera que cada uno aprenda de los demás y se necesiten para llegar a aprendizajes mayores (interdependencia positiva).
    • Actividades: Estructura cooperativa «folio giratorio».
  • Otras inteligencias trabajadas:
    • Verbal y Lingüística: Lee y comprende textos y los sabe explicar a los compañeros.
    • Naturalista: se pregunta por el sentido de la creación y se tratan de establecer los patrones necesarios para encontrar los elementos comparables y contrastables mediante la destreza de pensamiento compara y contrasta.
    • Lógico-Matemática: se establecen secuencias lógicas en gráficos para representar la información.
    • Espiritual: justifica el sentido de sus afirmaciones desde su escala de valores.
    • Musical: buscar canciones actuales que sirvan para reforzar los argumentos que se quieren exponer en grupo.
  • Competencias:  SIEE, CL, CEC, AA, CSC
  • Estándares de aprendizaje (ver anexo): 1.1, 3.1, 4.1,
  • Evaluación:
    • 5% Entrega de la hoja de argumentos del grupo con al menos 8 argumentos (8=5 puntos).
    • 15% Rúbrica sobre el debate
CATEGORÍA 10 8 5 3
Organización Todos los argumentos están organizados de forma lógica en torno a una idea principal. La mayoría de los argumentos están organizados de forma lógica en torno a una idea principal. Una parte de los argumentos no están organizados en torno a una idea principal de forma clara y lógica Los argumentos no están vinculados a una idea principal.
Debate Todos los contra-argumentos son precisos, relevantes y fuertes La mayoría de los contra-argumentos son precisos, relevantes y fuertes Algunos contra-argumentos son precisos, relevantes y fuertes, pero algunos son muy débiles Los contra-argumentos no son precisos y/o relevantes
Uso de hechos Cada punto principal esta bien apoyado con varios hechos relevantes, estadísticas y/o ejemplos Casi todos los puntos principales están adecuadamente apoyados con varios hechos relevantes, estadísticas y/o ejemplos Cada punto principal esta adecuadamente apoyado con varios hechos, estadísticas y/o ejemplos; pero algunos de los hechos no son relevantes. Los puntos principales no están apoyados por hechos.
Información Toda la información presentada en el debate es clara, y  precisa. La mayor parte de la información presentada en el debate es clara y  precisa. La mayor parte de la información presentada en el debate no es clara ni precisa. La información tiene varios errores y no siempre es clara.
Presentación y lenguaje El equipo usa continuamente gestos, contacto visual, tono de voz, nivel de entusiasmo y el lenguaje en una forma que mantiene la atención de la audiencia El equipo por lo general usa gestos, contacto visual, tono de voz,  nivel de entusiasmo  y lenguaje en una forma que mantiene la atención de la audiencia El equipo algunas veces usa gestos, contacto visual, tono de voz , nivel de entusiasmo y lenguaje en una forma que mantiene la atención de la audiencia

Uno o más de los miembros del equipo tienen un estilo de presentación y lenguaje  que no mantiene la atención de la audiencia

 

 

“Rubrica para evaluar un debate en el aula de CeDeC” se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-Compartir-Igual 3.0 España

  • Materiales:

Esquema de folio giratorio

 

Desempeño 4: ¿Todos somos igual de dignos?

  • Metas de comprensión que voy a trabajar:  4
  • Inteligencias múltiples que se trabajan:
    • Principal: Naturalista
      • Objetivos: Establecer relaciones y patrones ante la realidad que se estudia, hacerse preguntas sobre el medio que les rodea
    • Actividades: Visionado de unos vídeos, acerca de las diferentes posturas sobre el Universo, búsqueda de información en su entorno.
  • Otras inteligencias trabajadas:
    • Verbal y Lingüística: Es capaz de recoger información y convertirla en un texto redactado sobre lo que sucede en su entorno.
    • Corporal-cinestésica: expresa ideas con su cuerpo, utiliza sus manos y sus brazos para dar fuerza a sus argumentos y refuerza la comunicación no verbal.
    • Intrapersonal: identifica sus propias ideas acerca de un tema, mediante la rutina de pensamiento: «Titulares».
    • Visual-espacial: interpreta la información que ofrece una imagen mediante la rutina de pensamiento.
  • Competencias:  CMCT, CEC, CL, CMCT, AA
  • Estándares de aprendizaje (ver anexo): 3.1.
  • Evaluación (5%):
    • Cada grupo presenta una hoja con su análisis de las situaciones en su entorno que degradan la dignidad humana. Se recogen:
Lista de cotejo del desempeño 4
Ítem No
1. Las fuentes de información de dónde se ha sacado.
2. Los testimonios están documentados con pruebas, tales como grabaciones, fotos, imágenes, noticias web.
3. Todos los miembros del grupo han participado.
4. Se ponen de manifiesto al menos 3 situaciones en las que se vulnere la dignidad humana.
5. Se justifica convenientemente la razón por la que el grupo cree que se vulnera la dignidad humana.
6. La presentación de los casos y sus pruebas se hace de manera creativa y documentada
7. Participan todos los miembros del grupo en la presentación de los casos.
8. Se entregan al profesor a través del EDMODO personal de cada uno de los del grupo.
9. El profesor pregunta al azar a un miembro del grupo y éste es capaz de responder del trabajo realizado en grupo.
10. No hay faltas de ortografía en la presentación.
TOTAL

 

Desempeños de síntesis

Desempeño 5: Aprendizaje Servicio, vamos a cambiar algo este mundo

  • Metas de comprensión que voy a trabajar:  1,2,3 y 4
  • Inteligencias múltiples que se trabajan:
    • Principal: Espiritual
      • Objetivos: Vincularse a procesos de transformación ética del medio que les rodea.
      • Actividades: Diseñan en pequeño grupo un plan de colaboración con su centro educativo en el que se incluyan al menos cinco necesidades y las posibles soluciones que el propio grupo llevaría a cabo.
  • Otras inteligencias trabajadas:
    • Verbal y Lingüística: Es capaz de desarrollar oraciones simples que recogen los temas principales del tema.
    • Lógico-Matemática: es capaz de organizar la información del tema de manera lógica, siguiendo los pasos del design thinking.
    • Interpersonal: colabora con otros para lograr objetivos comunes. Estructura cooperativa: Folio giratorio.
    • Corporal-cinestésica: expresa ideas con su cuerpo, utiliza sus manos y sus brazos para dar fuerza a sus argumentos y refuerza la comunicación no verbal.
  • Competencias: Todas
  • Estándares de aprendizaje (ver anexo): Todos
  • Evaluación (40% de la nota global):
    • Se llevará a cabo mediante la siguiente rúbrica
4 5 8 10
1. Enfoque de aprendizaje (10%) El proyecto promueve aprendizajes basados en la memorización y el cumplimiento de unos requisitos institucionales sin plantear cambios actitudinales. El proyecto desarrolla aprendizajes      que pretenden que los estudiantes cambien su forma de ver el mundo, sean creadores de su realidad y se fomenta la metacognición. El proyecto desarrolla aprendizajes que pretenden que los estudiantes cambien su forma de ver el mundo, sean creadores de su realidad. Además, hay un espacio de reflexión específico sobre el proyecto. El proyecto propone además estrategias de aprendizaje que están basadas en el interés de los alumnos por la materia y las utilizan para maximizar la comprensión y satisfacer su curiosidad. Existen espacios específicos para ello.
2. Competencias (10%) El proyecto fomenta el aprendizaje de las competencias transversales de: trabajo colaborativo, habilidades comunicativas y empatía El proyecto incide en las competencias transversales anteriores y en la autonomía, la creatividad, el pensamiento crítico, la iniciativa personal y la sensibilidad del estudiantado. El proyecto fomenta el aprendizaje de competencias profesionales propias de los estudios del estudiantado. El proyecto incide en las competencias             curriculares propias de la asignatura donde se desarrolla el proyecto. Se trabajan competencias propias de la indagación y la investigación.
3. Nivel de participación (20%) El estudiantado no interviene en la preparación ni en las decisiones sobre el contenido ni el desarrollo del proyecto. La participación     del alumnado es simple. El estudiantado puede opinar y dar su parecer sobre el proyecto. Se les anima a opinar o valorar el proyecto y hay un espacio determinado para ello. La participación del alumnado es consultiva El estudiantado participa  en la definición del proyecto, en la determinación de su sentido y de sus objetivos. También participa en el diseño, la planificación, la ejecución y la valoración. La participación es proyectiva. El estudiantado pide, exige o genera nuevos espacios y mecanismos de participación en el proyecto. Equivale a un nivel máximo de participación: metaparticipación
4. Evaluación del Proyecto (10%) Se        evalúan  los aprendizajes por parte del profesor, igual que el resto de los aprendizajes curriculares. Se        evalúan  los aprendizajes por parte de todos los participantes en el proyecto (responsables entidad, profesorado y estudiantes). Además de los aprendizajes también es evalúa el servicio que se ofrece a la comunidad. Se evalúan los aprendizajes, el servicio a la comunidad y el proyecto de manera global con el objetivo de mejorarlo en próximas ediciones. La evaluación se lleva a cabo por todos los participantes del proyecto.
5.  Transdisciplinariedad (10%) No se propone la posibilidad que estudiantes de   diversos estudios trabajen juntos.

Estudiantes de diferentes estudios, pero de un mismo         ámbito de conocimiento trabajan sobre los mismos retos sin necesidad          de

complementarse.

Estudiantes de diferentes estudios, pero de un mismo ámbito      de     conocimiento trabajan sobre los mismos retos y con la necesidad de complementarse Estudiantes de diferentes estudios y ámbitos de conocimiento    trabajan   sobre los            mismos             retos      con             la necesidad de complementarse.
6. Impacto y proyección social (20%) El proyecto trabaja sobre necesidades reales y cercanas. El proyecto trabaja sobre necesidades reales y cercanas e influye en el contexto del beneficiario. El          proyecto             facilita herramientas a la comunidad cuando el proyecto finaliza (la empodera). El proyecto influye en la transformación de             la administración propiciando que las necesidades sean atendidas más allá de la ejecución del proyecto.
7. Trabajo en red (10%) Una institución educativa y una entidad social forman lazos de relación para construir un proyecto común. Una institución educativa y una entidad social forman lazos de relación para construir un proyecto común con apoyo de elementos de conexión institucionalizados. Una institución educativa y una entidad social o varias forman lazos de relación para construir un proyecto común. Además, el proyecto está conectado a una red de proyectos similares. Una institución educativa y una entidad social o varias forman lazos de relación para construir un proyecto común. Además, el proyecto está conectado a una red de proyectos similares institucionalizada para intercambiar reflexiones y mejoras en encuentros habituales.
8. Relevancia    y visibilidad (10%) No existe ningún espacio de reconocimiento de la comunidad educativa hacia el proyecto. Existe algún reconocimiento, pero no está institucionalizado ni sistematizado, ni aparece en las redes. El grupo propone un espacio de reconocimiento y celebración institucional. Se lleva a cabo una celebración de reconocimiento social a través de premios y ayudas, publicidad en redes.

 

Tomado y adaptado de: Campo, L. (2015). Evaluar para mejorar los proyectos de aprendizaje servicio en la universidad. RIDAS, Revista Iberoamericana de Aprendizaje y Servicio, 1, 91-111. DOI 10.1344/RIDAS2015.1.6

 

 

Para que sepas bien que es eso del Aprendizaje Servicio, te dejo aquí esta infografía:

Tomado de: http://www.elblogdemanuvelasco.com/search/label/Metodolog%C3%ADas%20activas

Y este es un resumen de los pasos a seguir (los vamos a ir dando juntos):

  • PASO 1:
    • Identificar una necesidad a la que es posible dar solución con nuestros medios y conocimientos.
  • PASO 2:
    • Diseñar un plan de acción compuesto de actividades de servicio y de actividades de aprendizaje.
    • Establecer las alianzas necesarias para dar respuesta a las necesidades detectadas.
  • PASO 3:
    • Pasar a la acción ejecutando las actividades de servicio y de aprendizaje.
  • PASO 4:
    • Evaluar el trabajo: servicio prestado, impacto del cambio social, aprendizajes realizados, desarrollo de competencias, posible continuidad, etc.
  • PASO 5:
    • Reconocer y compartir el trabajo realizado.

 

Desempeño 6: Trabajo personal

  • Metas de comprensión que voy a trabajar:  1,2,3 y 4
  • Inteligencias múltiples que se trabajan:
    • Principal: Intrapersonal y Espiritual
      • Objetivos: reflexionar sobre lo que he aprendido y qué me provoca (intrapersonal) y tratar de responder profundizando en el sentido de mi vida (espiritual).
  • Otras inteligencias trabajadas:
    • Verbal y Lingüística: redacta textos sencillos como síntesis del tema.
    • Lógico-Matemática: es capaz de organizar la información del tema de manera lógica.
  • Competencias: Todas
  • Estándares de aprendizaje (ver anexo): 4.2, 4.1.
  • Evaluación (30% de la nota):
    • Se llevará a cabo mediante la presentación correcta de las siguientes actividades en EDMODO.
  • Actividades en EDMODO (30%)
    • ¿Por qué decimos que el ser humano tiene dignidad? ¿De dónde nace esa dignidad del ser humano en comparación con los animales? (10%)
    • ¿Qué es lo que hace verdaderamente humano al protagonista de la película? ¿Cuál es la enseñanza que nos quiere dar? (10%)
    • ¿Qué elementos de tu entorno degradan la dignidad humana? ¿Por qué? ¿Qué se te ocurre para poder solucionarlos? Clasifica acciones del ser humano que respetan o destruyen la creación (10%)

Terminamos con el KPSI 

Vuelve a sacar el KPSI que hiciste en tu agenda. Y vuelve a puntuar… ¿Ha mejorado? ¿Lo compartes con la clase en voz alta? ¡GRACIAS!

Observa la siguiente tabla:

 

 Afirmaciones Comienzo Fin
1. Sabría explicar y fundamentar las diferencias que hay entre el ser humano (creado a imagen y semejanza de Dios) y los animales.
2. Tengo consciencia de que cuando decimos que algo o alguien es creado, tiene que ver con una visión religiosa de la vida.
3. Soy capaz de explicar el origen de la dignidad del ser humano como criatura de Dios.
4. Sabría explicar desde mi punto de vista el sentido y la finalidad de la acción humana.

Copia en tu agenda los números de las afirmaciones y al lado de cada uno de los números puntúa del 1 al 4 según esta leyenda:

  • 1=No lo sé.
  • 2=Me suena, pero no lo entiendo.
  • 3=Creo que lo sé, pero no podría explicarlo bien.
  • 4=Lo sé y se lo podría explicar a mis compañeros.

Película que vamos a trabajar

El libro de la selva
Mowgli (Neel Sethi), un niño criado en la selva por una manada de lobos, emprende un fascinante viaje de autodescubrimiento cuando se ve obligado a abandonar el único hogar que ha conocido en toda su vida. Nueva adaptación de la novela de Rudyard Kipling. (FILMAFFINITY)

 

 

 

 

 

Anexo: Elementos curriculares


Competencias Clave
Aunque vas a trabajarlas todas, haremos más hincapie en las siguientes.

  • Competencia en comunicación lingüística CCL
  • Competencia matemática y competencias básicas en ciencia y tecnología CMCT
  • Competencia digital CD
  • Competencia para aprender a aprender AA
  • Competencia en conciencia y expresiones culturales CEC
  • Competencias sociales y cívicas CSC
  • Competencia en sentido sentido de la iniciativa y espíritu emprendedor SIE


Contenidos

  • La persona humana, criatura de Dios libre e inteligente.
  • El fundamento de la dignidad de la persona.
  • El ser humano colaborador de la creación de Dios.


Criterios de evaluación

  1. Establecer diferencias entre el ser humano creado a imagen de Dios y los animales.
  2. Relaciona la condición de criatura con el origen divino.
  3. Explicar el origen de la dignidad del ser humano como criatura de Dios.
  4. Entender el sentido y la finalidad de la acción humana.

 

Estándares de aprendizaje (entre parentesis la referencia a la competencia que se desarrolla)

  • 1.1 Argumenta la dignidad del ser humano en relación a los otros seres vivos. (CL, AA, CSC)
  • 2.1 Distingue y debate de forma justificada y respetuosa el origen del ser humano. (CL, CSC, SIEE)
  • 3.1 Valora, en situaciones de su entorno, la dignidad de todo ser humano con independencia de las capacidades físicas, cognitivas, intelectuales, sociales, etc.(AA, CSC, CEC)
  • 4.1 Clasifica acciones del ser humano que respetan o destruyen la creación. (CSC, SIEE, CEC)
  • 4.2 Diseña en pequeño grupo un plan de colaboración con su centro educativo en el que se incluyan al menos cinco necesidades y las posibles soluciones que el propio grupo llevaría a cabo. (CMCT, SIEE)

Tema 2 abiertos a Dios y a los demás 


¿Por qué abrir las puertas a Dios y a los demás?

      Abrir las puertas a Dios y a los demás es, en cambio, el título del presente libro. No se encuentra así, dicho en nuestro lenguaje de hoy, en la Escritura, ni literalmente en la predicación de Benedicto XVI. Pero obviamente es tema que se anuncia ya desde al comienzo de su pontificado:

      “Quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada –absolutamente nada– de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana… Queridos jóvenes: ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida” (Homilía en el comienzo del ministerio petrino, 24-IV-2005).

Abrirse a Dios y abrir también las puertas a los demás es un modo de hablar del amor a Dios y al prójimo, sustancia del mensaje bíblico y centro del cristianismo. “El amor a Dios y al prójimo están realmente unidos: el Dios encarnado nos atrae a todos hacia sí”. Ahora bien, “el amor al prójimo no se reduce a una actitud genérica y abstracta, poco exigente en sí misma, sino que requiere mi compromiso práctico aquí y ahora” (encíclica Deus caritas est, 25-XII-2005, nn. 14 y 15).

Como tema principal de una sinfonía, el amor a Dios y a los demás resuena continuamente en las enseñanzas del Papa.

Abrir las puertas a Dios y, en consecuencia, a los demás, para un cristiano implica ayudar a que el mundo se abra a Dios. En su segunda encíclica, Spe salvi (30-XI-2007), sobre la esperanza cristiana, el Papa explica que el Reino de Dios no lo podemos construir con nuestras fuerzas: es un don suyo. De todas formas, nuestro obrar, nuestra acción o nuestro trabajo, no es indiferente a Dios. Y es entonces donde escribe: “Podemos abrirnos nosotros mismos y abrir el mundo para que entre Dios: la verdad, el amor y el bien. Es lo que han hecho los santos que, como ‘colaboradores de Dios’, han contribuido a la salvación del mundo” (n. 35).

Baste citar otro de los documentos más importantes firmados por el Benedicto XVI, la Exhortación apostólica Verbum Domini (30-IX-2010): “No hay prioridad más grande que esta: abrir de nuevo al hombre de hoy el acceso a Dios, al Dios que habla y nos comunica su amor para que tengamos vida abundante” (n. 2). “Toda auténtica cultura, si quiere ser realmente para el hombre, ha de estar abierta a la transcendencia, en último término, a Dios” (n. 104).

En definitiva, todo consiste en abrirse, primero, uno mismo a Dios, especialmente si todavía se está lejos de Él. Luego es necesario abrirse siempre de nuevo y cada vez más, porque la vida cristiana no es otra cosa. Y hacerlo sabiendo que Él va por delante con su iniciativa, atrayendo a todas las personas y todas las cosas hacia su amor. Como fruto del abrirse cada uno a Dios, desde dentro de esa apertura se ensancha siempre el corazón hacia los demás, para llenarse con ellos del amor de Dios. Se trata de colaborar –porque es Dios el que sigue haciéndolo– para que también el mundo se abra a su verdadera Vida, y así, viva en su realidad más fecunda.

Abiertos a Dios: El orígen de las religiones

¿Qué es la religión?

Se entiende por religión a un sistema de creencias, comportamientos y valores culturales, éticos y sociales, a través de los que una comunidad se vincula con lo sagrado y lo trascendente.

Etimológicamente, se han propuesto dos orígenes del término religión.

  • Según una interpretación, religión proviene del latín religio, derivado a su vez del verbo religare, que significa ’religar’, ‘atar’, ‘vincular’. La religión sería, así, una vinculación o subordinación del ser humano a la divinidad.
  • Otra interpretación sostiene que religión deriva del latín religiosus, que significa escrupuloso (lo contrario de negligens, ‘negligente’). En este caso, la religión es el cumplimiento escrupuloso de los deberes del culto.

La religión tuvo un rol central en el desarrollo de las primeras civilizaciones. En torno a ella se organizaba la vida económica, social y política. Ejemplos de esto son:

  • Los ritos asociados a los ciclos naturales en los que se invocaba a la divinidad.
  • La presencia de una casta sacerdotal, a menudo con funciones legislativas, que interpretaba la voluntad de los dioses
  • La concentración de la máxima autoridad política y religiosa en la persona del monarca.

No se sabe de ninguna cultura que no haya tenido algún tipo de religión. A lo largo de la historia, las religiones le brindaron al hombre respuestas acerca de cuestiones tales como la creación del mundo, el sentido de la existencia, la vida después de la muerte y el origen del sufrimiento. Frecuentemente, tales respuestas se encuentran bajo la forma de narraciones, símbolos y enseñanzas, muchas veces contenidas en textos sagrados (como la Biblia, el Corán o los Vedas).

Las religiones, además, han dado a las sociedades un sentido de pertenencia y se han erigido en emblemas de su identidad, plasmada en celebraciones, imágenes y templos.

Se calcula que en el mundo hay alrededor de 4000 religiones. Cada una posee su concepción de lo divino, su doctrina, sus ritos de comunión, sus lugares sagrados, sus símbolos de fe y su mitología.

La gran mayoría de las personas profesa alguna religión, e incluso entre aquellas que no se identifican con ninguna, hay muchas que sostienen algún tipo de idea religiosa. Actualmente, se estima que solo un 2 % de la población mundial es atea.

Ver además: Karma

Características de la religión

La religión presenta una serie de características que, en conjunto, la distinguen de otros sistemas de creencias (como la filosofía o la política). Estas características son:

  • La creencia en la existencia de algo sagrado. Por ejemplo, dioses u otros seres sobrenaturales.
  • La distinción entre objetos y espacios sagrados (la imagen de una divinidad, un templo) y objetos y espacios profanos.
  • La realización de actos rituales centrados en objetos y espacios sagrados. Por ejemplo, plegarias, ceremonias.
  • La existencia de un código moral que se considera de origen sagrado o sobrenatural. Por ejemplo, los Diez Mandamientos.
  • La presencia de sentimientos y actitudes típicas, asociadas al contacto con los espacios y objetos sagrados y a los rituales centrados en ellos o en seres sobrenaturales. Por ejemplo, asombro, adoración, culpa, temor reverencial.
  • El empleo de diversas formas de comunicación con lo sobrenatural. Por ejemplo, oraciones, sacrificios, danzas rituales.
  • Una cosmovisión que incluye una explicación acerca del lugar que el ser humano y el resto de la naturaleza ocupan en el mundo, la relación entre ellos y el propósito general de la existencia. Por ejemplo, la idea del mundo como creación divina y del ser humano como centro de la creación.
  • Una organización de la vida basada en esta visión del mundo. Por ejemplo, la idea, común a muchas religiones, de que la existencia de cada individuo ha sido determinada por un dios desde la eternidad.
  • La formación de un grupo social unido por y en torno a las creencias compartidas. Por ejemplo, la Iglesia católica o cada una de las diversas iglesias protestantes.

Tipos de religiones

Religión

Las religiones monoteístas creen en la existencia de un Dios único.

De acuerdo con su concepción de lo divino, las religiones se pueden clasificar en:

  • Religiones monoteístas. Son aquellas que creen en la existencia de un Dios único, creador del universo. Por ejemplo: el judaísmo, el cristianismo y el islam.
  • Religiones politeístas. En vez de un único Dios, creen en un panteón más o menos jerárquico de deidades, a las que atribuyen dominio sobre los distintos aspectos de la vida humana y de la naturaleza. Por ejemplo: la religión de los antiguos griegos y el hinduismo.
  • Religiones panteístas. Son las religiones que sostienen que todo lo que existe forma parte de la divinidad. Por ejemplo: el hinduismo, el vedanta.
  • Religiones no teístas. No creen en la existencia de dioses creadores o absolutos (aunque sí en la existencia de entidades espirituales). Por ejemplo: el budismo zen.

Las religiones también se clasifican según su origen y procedencia. Teniendo en cuenta este criterio, se reconocen los siguientes grupos o familias de religiones:

  • Religiones abrahámicas. Son el judaísmo, el cristianismo y el islam, que reconocen un origen común en el patriarca Abraham. Son religiones monoteístas, surgidas en el cercano Oriente, con una concepción similar acerca del destino final del hombre.
  • Religiones dhármicas. Este grupo comprende las principales religiones indias: el hinduismo, el jainismo, el budismo, el taoísmo y el sijismo. Estas religiones predican la noción de dharma (‘religión’, ‘enseñanza’, ‘ley’), el camino piadoso que todo ser debe seguir para mantener el equilibrio del universo.
  • Religiones iranias. Son las religiones originadas en el Gran Irán, antes del islam. Incluyen al zoroastrismo y el yazidismo, religiones que sostienen una concepción dualista, según la cual el bien y el mal existen como dos principios opuestos y antagónicos.
  • Religiones tradicionales. En este grupo se incluyen los diversos cultos autóctonos, propios de diferentes pueblos originarios y grupos étnicos. Por lo general, son politeístas y totémicas (adoran objetos que representan a la comunidad). El vudú y el chamanismo, en África; la religión azteca y el candomblé, en América, y la religión tradicional china integran este grupo de religiones.
  • Religiones neopaganas. Son religiones de origen reciente, basadas en creencias precristianas de algunos pueblos, principalmente europeos. Pertenecen a esta familia religiosa la wicca, la brujería tradicional, el druidismo, el neohelenismo y el neopaganismo germánico, entre otros cultos.

Historia de la religión

La religión es tan antigua como el ser humano. El hallazgo de cuerpos de neandertales y de homo sapiens primitivos enterrados aparentemente de manera intencional ha sido considerado una prueba de que las ideas religiosas existían ya hace 300.000 años.

Entre los testimonios religiosos conservados anteriores a la escritura, se destaca Göbekli Tepe (en la actual Turquía), el santuario más antiguo conocido. Se trata de un conjunto de megalitos, construido alrededor del 9000 a. C. Los primeros textos religiosos corresponden a los textos de las pirámides egipcias, que datan de entre 2400 y 2300 a. C.

Según muchos investigadores, el desarrollo de las ideas religiosas tuvo su punto de inflexión entre el 900 y el 200 a.C., período denominado por el filósofo Karl Jaspers Era Axial. Durante esta era, se fundaron varias de las tradiciones filosóficas y religiosas de mayor influencia en la historia:

  • El monoteísmo, surgido en Persia (zoroastrismo) y Canaán (judaísmo).
  • El platonismo, originado en Grecia.
  • El budismo y el jainismo, desarrollados en India.
  • El confucionismo y el taoísmo, nacidos en China.

En la Edad Media, las religiones actuales se difundieron por Europa y Asia. El cristianismo se expandió por Occidente, el budismo por el Este de Asia (al tiempo que declinaba en la India) y el islam por Medio Oriente, Asia central, el norte de África y algunas zonas de la India y Europa (como la península ibérica).

El avance de las religiones no estuvo exento de conflictos. Por ejemplo, los musulmanes colisionaron con los zoroastristas en Persia, se enfrentaron a los hinduistas y sikhs en la India y lucharon con los cristianos en varias ocasiones (guerras entre árabes y bizantinos, entre los siglos VII y XI, las Cruzadas, entre los siglos XI y XIII, Reconquista española, entre los siglos VIII y XV).

A partir del siglo XV, como consecuencia de la conquista y colonización europea, el cristianismo se difundió en América, en Filipinas, en el África subsahariana y en Oceanía. En Europa, la Reforma protestante, iniciada por Martín Lutero en 1517, alcanzó rápida difusión y derivó en una serie de guerras religiosas entre católicos y protestantes, a lo largo de los siglos XVI y XVII.

La difusión de las ideas racionalistas de la Ilustración en el siglo XVIII marcó el inicio del proceso de secularización en Europa. Dicho proceso se profundizó con el estallido de la Revolución francesa en 1789. La principal consecuencia fue la separación entre la Iglesia y el Estado en muchos países y una disminución de la religiosidad en Europa.

Pese al secularismo imperante en una parte del mundo, la religión sigue siendo un fenómeno mayoritario en la actualidad. Mientras que en países como China el Estado promueve activamente el ateísmo, naciones como Irán tienen rasgos propios de las teocracias, en las que la autoridad política es, a la vez, la autoridad religiosa.

Principales religiones del mundo

Religión

El cristianismo cuenta con un 33.06% de fieles en el mundo.

Actualmente, casi el 84 % de la población mundial profesa alguna religión. De acuerdo con su cantidad de fieles, las principales son el cristianismo (31 % de la población mundial), el islam (25 %), el hinduismo (15 %) y el budismo (6,6 %).

  • Cristianismo. Surgido en el siglo I, está basado en la vida y las enseñanzas de Jesús de Nazaret, contenidas en el Nuevo Testamento. Los cristianos creen que Jesús es el Hijo de Dios, enviado al mundo para salvar al hombre del pecado. Junto con el Padre y el Espíritu Santo, forma la Trinidad (es decir, Dios mismo que existe como tres personas). Las principales ramas del cristianismo son:
    • El catolicismo, dirigido por el obispo de Roma (el papa) y los obispos del mundo en comunión con él.
    • La Iglesia ortodoxa, que se separó de la Iglesia católica en el siglo XI y está integrada, a su vez, por varias iglesias, entre ellas la Iglesia ortodoxa rusa, la Iglesia ortodoxa griega y la Iglesia ortodoxa de Constantinopla.
    • El protestantismo, que se separó de la Iglesia católica en el siglo XVI y se divide en numerosas denominaciones, entre las que se encuentran el luteranismo, el calvinismo, el anglicanismo, el metodismo y el baptismo.
  • Islam. Fundado en el siglo VII, está basado en las enseñanzas del profeta Mahoma y en las revelaciones que Dios le hizo; estas últimas se hallan contenidas en el Corán, el libro sagrado de los musulmanes (como se denominan los seguidores del islam). El islam reconoce a los profetas judíos y a Jesús, también considerado un profeta. Existen dos denominaciones islámicas principales:
    • El sunismo, de mayor cantidad de fieles, quienes, además del Corán, son seguidores de la Sunna, una colección de dichos y hechos atribuidos a Mahoma.
    • El chiismo, al que pertenecen alrededor del 10 % de los musulmanes, surgido tras la muerte Mahoma, entre los partidarios de Ali, su yerno.
  • Hinduismo. Es una de las religiones más antiguas del mundo y comprende una conjunto de diversas doctrinas, basadas en cuatro grupos de textos: los Vedas, los Upanishads, la Bhagavad-gita y las Agama. Los hinduistas creen en un principio cósmico que sostiene el universo (brahman) y que todas las criaturas pasan por un ciclo de renacimientos (samsara). Las principales denominaciones del hinduismo son:
    • El visnuismo, el grupo con mayor cantidad de fieles, que considera a Vishnu, reencarnado numerosas veces, el Ser Supremo.
    • El shivaísmo, que considera como Ser Supremo a Shiva, deidad al mismo tiempo creadora y destructora, trascendente e inmanente al mundo.
    • El shaktismo, que considera como divinidad suprema a la deidad femenina Shakti.
    • El smartismo, basado en un conjunto de textos hinduistas tradicionales, influidos por las doctrinas védicas (smrti).
  • Budismo. Originado en la India en el siglo V a. C., está basado en las enseñanzas del sabio indio Siddharta Gautama. El budismo sostiene que la vida humana es un ciclo de sufrimiento y renacimiento, del que puede escaparse si se alcanza la iluminación o nirvana, cuando se llega a comprender la verdadera naturaleza de las cosas. Las principales ramas del budismo son:
    • El mahayana (o del gran vehículo), centrado en la figura de los bodhisattvas (seres que han alcanzado la iluminación, pero regresan para enseñar a los humanos) como modelos a seguir para alcanzar el nirvana. Incluye diversas corrientes, como el zen, el budismo de la Tierra pura y el budismo nichiren.
    • El theravada (o doctrina de los ancianos), que hace hincapié en la vida monástica y la meditación como medios para llegar al nirvana.

Fuente: https://concepto.de/religion-3/#ixzz8MGxPrk59

Tema 3: Dios se da a conocer.

DIOS SE HA DADO A CONOCER AL HOMBRE DE MUCHAS MANERAS

DIOS SE HA DADO A CONOCER AL HOMBRE DE MUCHAS MANERAS

El habla como la escritura son las manifestaciones externas de nuestro ser interior, a través de ellos nosotros comunicamos a los demás quienes somos, que tenemos y hacia dónde vamos. Lo que hablamos o escribimos revela nuestra forma de pensar, nuestras creencias, nuestras costumbres, nuestros sueños, nuestras verdades, nuestros temores, nuestra creatividad y el diseño maravilloso de un mundo mejor.

Lo que hablamos o escribimos es un reflejo de nuestra persona, la imagen que proyectamos hacia el mundo exterior. Este es el principio en la que muchas empresas, instituciones públicas y privadas, instituciones educativas y religiosas, toman su tiempo para elaborar su visión, misión, su plan de trabajo, su manual de instrucciones o su confesión de fe, para mostrar al mundo quiénes son y lo que se espera de aquellas personas que forman parte de ellos.

En ese mismo principio, se enfoca la Biblia, es el medio a través del cual llegamos a conocer a nuestro Dios, en la Biblia podemos conocer su corazón, su forma de pensar, su amor inagotable, su paciencia, su sabiduría, sus creencias y su diseño maravilloso para la humanidad.

A través de la Biblia nosotros podemos conocer como nuestro Dios se ha comunicado con nosotros de muchas maneras:

1.1.- DIOS SE DIO A CONOCER AL HOMBRE A TRAVÉS DE LA CREACION

A través de las cosas creadas, Dios nos revela su existencia, su eterno poder y su deidad:

Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. (Romanos 1:20, La Biblia – Nuevo Testamento)

Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos. (Salmos 19:1- AT)

1.2.- DIOS SE DIO A CONOCER AL HOMBRE HABLANDOLE

Este es el medio de comunicación preferido de Dios. Dios habla y habla con autoridad y amor:

– Le hablo a Adán y le dio instrucciones para proteger su vida y disfrutar de sus bendiciones:

Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: “De todo árbol del huerto podrás comer; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás” (Génesis 2: 16-17, Antiguo Testamento)

– Le habló a Noé y le ordeno construir el arca y le dio instrucciones de cómo hacerlo:

Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y yo los destruiré con la tierra. Hazte un arca de madera de gofer; harás aposentos en el arca y la calafatearás con brea por dentro y por fuera. De esta manera la harás: de trescientos codos será la longitud del arca, de cincuenta codos su anchura y de treinta codos su altura. Una ventana harás al arca, la acabarás a un codo de elevación por la parte de arriba y a su lado pondrás la puerta del arca; y le harás tres pisos. Yo enviaré un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir todo ser en que haya espíritu de vida debajo del cielo; todo lo que hay en la tierra morirá. Pero estableceré mi pacto contigo, y tú entrarás en el arca, con tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos. Y de todo lo que vive, de todo ser, dos de cada especie meterás en el arca para que tengan vida contigo, macho y hembra serán. (Génesis 6:13-19)

El arca que construyo Noé medía 135 metros de largo, 22 metros de ancho y 13 metros de alto y tenía 3 pisos.

– Le hablo a Abraham y le ordena salir de su tierra y de su parentela para formar una gran nación:

Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Haré de ti una nación grande, te bendeciré, engrandeceré tu nombre y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan, y a los que te maldigan maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. (Génesis 12:1-3)

– Le hablo a Jeremías dándole a conocer que sería su profeta:

Las palabras de jeremías hijo de Hilcias, de los sacerdotes que residieron en Anatot, en tierra de Benjamín. Palabra de Jehová que le vino en los días de Josías hijo de Amón, rey de Judá, en el año decimotercero de su reinado. Le vino también en días de Joacim hijo de Josias, rey de Judá, hasta el fin del año undécimo de Sedequías hijo de Josías rey de Judá, hasta la deportación de Jerusalén en el mes quinto.
Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo:”Antes que te formara en el vientre, te conocí, y antes que nacieras, te santifique, te di por profeta a las naciones”. Yo dije: “¡Ah, ah, Señor Jehová! ¡Yo no sé hablar, porque soy un muchacho!”. Me dijo Jehová: “No digas: Soy un muchacho” porque a todo lo que te envíe irás, y dirás todo lo que te mande. (Jeremías 1: 1-7, Antiguo Testamento)

– Les hablo a una multitud cuando nuestro Señor Jesús fue bautizado:

Y Jesús, después que fue bautizado, subió en seguida del agua, y en ese momento los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma y se posaba sobre él. Y se oyó una voz de los cielos que decía: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (San Mateo 3:1617, Nuevo Testamento)

– Les hablo a Pedro, Jacobo y Juan, cuando nuestro Señor Jesús se transfiguro:

Y vino una voz desde la nube, que decía: “Este es mi Hijo amado; a él oíd” (San Lucas 9:35, Nuevo Testamento)

1.3.- DIOS SE DIO A CONOCER AL HOMBRE CON SEÑALES VISIBLES:

– Por medio de una antorcha de fuego y de un horno humeante, cuando Dios hizo un pacto con Abram:

Cuando se puso el sol y todo estaba oscuro, apareció un horno humeante y una antorcha de fuego que paseaba por entre los animales divididos. Aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: – A tu descendencia daré está tierra… (Génesis 15:17-18)

– Por medio de una columna de nube y una columna de fuego cuando Israel salió de Egipto:

Jehová iba delante de ellos, de día en una columna de de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarlos, a fin de que anduvieran de día y de noche. Nunca se apartó del pueblo la columna de nube durante el día, ni la columna de fuego durante la noche. (Éxodo 13:21.22, Antiguo Testamento)

– Por medio de fuego que cayó del cielo para demostrar que él era Dios a los falsos profetas de Baal:

Entonces cayó fuego de Jehová y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y hasta lamió el agua que estaba en la zanja. Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: “¡Jehová es el Dios. Jehová es el Dios!” (1 Reyes 18: 38-39, Antiguo Testamento)

1.4.- DIOS SE DIO A CONOCER AL HOMBRE POR MEDIO DE VISIONES:

– Cuando se mostro a Isaías:

…Vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el Templo. Por encima de él había serafines. Cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces diciendo: ¡Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos! ¡Toda la tierra está llena de su gloria! (Isaías 6:1-3, Antiguo Testamento)

– Cuando revelo su voluntad a Pedro para que fuera a visitar a Cornelio:

…Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta. Sintió mucha hambre y quiso comer; pero mientras le preparaban algo le sobrevino un éxtasis: Vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra, en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres, reptiles y aves del cielo. Y le vino una voz: – Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: – Señor, no: porque ninguna cosa común o impura he comido jamás. Volvió la voz a él la segunda vez: – Lo que Dios limpio, no lo llames tú común. (Hechos 10:9-15, Nuevo Testamento)

– Cuando le revelo su voluntad a Pablo, para predicar en Macedonia:

Una noche Pablo tuvo una visión. Un varón macedonio estaba en pie, regándole y diciendo: “Pasa a Macedonia y ayúdanos”…en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciáramos el evangelio. (Hechos 16:9-10).


– Cuando le revelo a Juan los tiempos futuros:

La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto. La declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, el cual ha dado testimonio de la Palabra de Dios, del testimonio de Jesucristo y de todas las cosas que ha visto. (Apocalipsis 1:1-2, Nuevo Testamento)


1.5.- DIOS SE DIO A CONOCER AL HOMBRE POR MEDIO DE NUESTRO SEÑOR JESÚS

En la Biblia se nos dice que Dios siempre se comunico con nosotros dándose a conocer de muchas maneras, pero en los tiempos postreros escogió hablarnos por medio de nuestro Señor Jesucristo, a través de él nos hablo y nos habla en estos tiempos:

Dios habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo y por quien asimismo hizo el universo. (Hebreros 1:1-2, Nuevo Testamento).

Dios escogió hablarnos cara a cara, cuando envió a nuestro Señor Jesucristo, Él es la manifestación visible de Dios en forma humana:

Jesús le dijo: – ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo les hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre, que vive en mí, él hace las obras, Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras. (San Juan 14:9-11)

Cristo es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación. (Colosenses 1:15, Nuevo Testamento)

Él es el resplandor de su gloria, la imagen misma de su sustancia y quién sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas. (Hebreos 1:3)

La Biblia señala que nuestro Señor Jesús, hablo conforme a lo que el Padre le decía que hable:

Yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre, que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho. (San Juan 12:49-50, Nuevo Testamento)

Dios escogió hablarnos cara a cara cuando envió a nuestro Señor Jesucristo.

Dios habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo y por quien asimismo hizo el universo. (Hebreros 1:1-2, Nuevo Testamento).

DIOS SE HA COMUNICADO CON EL HOMBRE DESDE EL PRINCIPIO Y LO SIGUE HACIENDO, TE HABLARA A TI, POR MEDIO DE JESUCRISTO, POR MEDIO DE SU PALABRA (LA BIBLIA), EL TIENE MANERAS DE OBRAR.

Las 14 Maneras en que Dios Se Ha Revelado a Sí Mismo

 

Hebreos 1:1 nos dice que Dios ha hablado “muchas veces y de muchas maneras.” El propósito de este artículo es examinar las “muchas maneras”, en las que Dios se ha revelado a sí mismo a la humanidad.

Antes de mirar a las catorce formas en que Dios se ha revelado a sí mismo, sin embargo, vamos a ver brevemente el significado de “revelación”. La palabra “revelación” viene de la palabra griega apokalupsis que significa “descubrir” o “revelar”. Apocalipsis, por lo tanto, tiene que ver con revelar, descubrir o exponer lo que previamente se oculta. Cuando se utiliza en un sentido teológico, “revelación” se refiere a la manifestación intencional de Dios de Sí mismo y Sus planes.

Hay por lo menos catorce medios a través de los cuales Dios ha elegido revelarse a Sí mismo. Los tres primeros en la lista comprenden lo que se conoce como “Revelación General.” La Revelación General es la revelación que Dios da a conocer a todos los pueblos de todos los tiempos. En otras palabras, la Revelación General es la revelación a la que todo el mundo tiene acceso. Los últimos once (4-14) comprenden la “Revelación Especial.” La revelación Especial es la revelación específica de Dios que se da a determinadas personas en ciertos momentos de la historia. No todo el mundo ha tenido acceso a la Revelación Especial.

¿Cuáles son estas catorce formas de revelación? Aquí están:

1. La Naturaleza. Dios ha puesto de manifiesto ciertas verdades sobre sí mismo a través de la naturaleza o el orden creado. Salmo 19:1 dice: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.” La naturaleza le dice a todos acerca de la gloria de Dios y que todo fue hecho por El. Romanos 1:18-21 declara: “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.” Según este texto, la naturaleza revela que Dios existe y que Él es poderoso. Este testimonio es tan poderoso que ninguna persona puede pretender que él o ella no conocen nada acerca de Dios.

2. La Providencia. Dios se revela a sí mismo a través de Su control momento a momento del mundo. Esto es a menudo denominado “providencia”. La Providencia de Dios puede ser visto en Su misericordiosa dádiva del sol y la lluvia a todo el mundo (Mateo 5:45), su provisión de alimentos, de la lluvia, y la alegría para la gente (Hechos 14:15-17), y su instalación y destitución de los gobernantes del mundo (Daniel 2:21). La Providencia es uno de las maneras «tranquilas» en que Dios se manifiesta a Sí mismo. Pero al ver la historia podemos ver la mano de Dios si nos tomamos el tiempo de notarlo. La supervivencia de la nación de Israel es un ejemplo de la providencia de Dios en acción.

3. La Conciencia. Dios se ha revelado a Sí mismo a cada uno mediante un sentido interno de lo correcto y lo incorrecto. Romanos 2:14-15 dice que toda persona tiene la Ley de Dios “escrita en sus corazones.” Esta brújula interna que nos alerta para lo que es el bueno y malo señala al Legislador final que determina el bien y el mal.

4. La Suerte. El echar suertes, a veces, comunicó la voluntad de Dios al hombre (Prov. 16:33). ¿Cómo se determinó la sustitución de Judas? Adivinó. Los discípulos echaron suertes y Matías fue elegido como el nuevo “duodécimo” apóstol (Hechos 1:21-26).

5. El Urim y Tumim. El Urim y Tumim son las dos preciosas y misteriosas piedras en el pectoral del sumo sacerdote. A veces se utilizó para determinar la voluntad de Dios (Éxodo 28:30; Num.. 27:21; Deut. 33:8; 1 Sam. 28:6).

6. Los Sueños. Los sueños fueron a menudo usados por Dios para comunicar información (Gén. 20:3, 31:11-13, 24, 40-41). Dios envió a Jacob a soñar los ángeles subiendo y bajando en la escalera (Gén. 28:10-15). Dios también dio a Nabucodonosor rey de Babilonia un importante sueño sobre los próximos imperios de la historia humana. Daniel interpretó los sueños y el resto es-, bueno, historia (ver Dan. 2).

7. Las Visiones. Dios usó a menudo visiones para comunicar verdades importantes. Isaías tuvo una visión del Señor “sentado en un trono, alto y sublime.” Ezequiel vio diversas visiones (Ezequiel 1:3). El apóstol Juan vio la visión gloriosa final de los últimos tiempos mientras estaba en el exilio en la
isla de Patmos (véase Apoc. 4-22). Los beneficiarios de las visiones a menudo fueron abrumados por la gloriosa visión que estaban viendo.

8. Voz Audible. A veces cuando Dios quería dar sus mensajes, lo hizo por Sí mismo haciendo uso de la palabra audible. Cuando Dios quería a Samuel para ser a su profeta, simplemente habló en voz alta a Samuel (1 Sam. 3). No, no era lo que Samuel se comió esa noche-era realmente Dios. Cuando Dios quiso que Pedro, Santiago y Juan conocieran que Jesús era verdaderamente el Hijo de Dios y que deberían escucharle, El simplemente se los dijo en voz audible (véase Lucas 9:35).

9. Las Teofanías. Una teofanía es una manifestación de Dios. Dios, por ejemplo, se presentó ante Moisés en la forma de la zarza ardiente (Éxodo 3:2-6). Antes de la encarnación de Cristo, Dios en ocasiones se manifestó a Sí mismo como el Ángel del Señor para comunicar su mensaje divino a la gente (Gen. 16:7-14; Ex. 3:2, 2 Sam. 24:16, Zac. 1:12).

10. Ángeles. Los Ángeles, en ocasiones, eran enviados especiales de Dios. ¿Recuerda cuando José se preparaba para abandonar a María después de que se enteró que estaba embarazada? Así es. Un ángel le comunicó en sueños a José que María estaba embarazada a través del poder del Espíritu Santo. Los ángeles proclamaron el nacimiento de Jesús (Lucas 2:10-11). Gabriel, en particular, parece ser el ángel mensajero especial de Dios. Él fue el único que transmitió verdades importantes a Daniel (Daniel 9:20-21). También le dijo a María que ella sería la madre terrenal de Jesús (Lucas 1:26-38).

11. Los Profetas. Los profetas de la Biblia, quienes actuaron bajo la inspiración directa de Dios, fueron el principal medio a través del cual Dios reveló Sus mensajes. Isaías, Ezequiel, Jeremías, Daniel, Joel, Zacarías, y otros desempeñado un importante papel en revelar verdades acerca de Dios y Sus planes en el Antiguo Testamento. Se centraron particularmente sobre en una advertencia a la nación de Israel y se detalla el reino venidero que sería establecido por el Mesías de Dios. Los profetas del Nuevo Testamento desempeñaron un papel fundamental en el establecimiento de la iglesia (Efesios 2:20). También revelaron las verdades anteriormente sin revelar sobre el “misterio de Cristo” (Efesios 3:5).

12. Milagros y Eventos Sobrenaturales. Dios utiliza algunas veces los milagros y eventos sobrenaturales para revelarse a Sí mismo. Las diez plagas de Egipto mostraron a Faraón y a los egipcios que el Dios de los hebreos era verdaderamente Dios y que los ‘dioses de Egipto’ no estaban a la altura de El (Éxodo 7-11). Jesús hizo muchos ‘señales milagrosas’ para indicar el camino a El y a su mensaje.

13. Jesucristo. Tan grande como las últimos doce formas de revelación y la forma más grande de revelación tuvo lugar con la persona de Jesucristo. En Heb. 1:1-2 dice: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo” (Hebreos 11:1-2). Jesucristo, la principal manifestación de Dios, revela muchas cosas:

a. Juan 1:1 Él es el “Verbo”, porque Él es la revelación completa del Padre.

b. Juan 1:18 El revela como es el Padre.

c. Juan 5:36-37 Él revela la compasión del Padre.

d. Juan 6:63; 14:10 Él revela que el Padre da vida eterna a través del Hijo.

e. Mateo 11:27 Él revela quien conocerá al Padre.

14. La Biblia. La Biblia es la revelación escrita de Dios para la humanidad. Compilada por varios hombres bajo la guía del Espíritu Santo (2 Ped. 1:21), la Biblia es la Palabra de Dios. La mayor parte de lo que sabemos acerca de Dios, incluida la persona y la obra de Jesús, se encuentra en la Biblia. Revela toda la doctrina, reprensión, corrección y orientación que se necesita para la vida piadosa (véase 2 Tim. 3:16-17).

 

Tema 3: Versión Libro

1. Jesús, un hombre como nosotros.

Dios no ha podido descender más abajo, y el hombre no ha podido subir más arriba.

Yo no sé si encontraremos unas palabras sobre Jesucristo tan grandiosas, y tan sencillas a un tiempo, como las que trae el Catecismo de la Iglesia Católica tomándolas del Concilio, cuando nos dice:

El Hijo de Dios trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros, menos en el pecado.

Todo esto lo sabemos desde siempre y lo confesamos continuamente en el Credo, cuando decimos que el Hijo de Dios se hizo hombre. Es la verdad fundamental de nuestra fe.

Pero, ¿nos hemos puesto a pensar en lo que significa que Dios se haya hecho hombre? Pues significa esto precisamente: que el Hijo de Dios, una de las Tres Personas de la Santísima Trinidad, al hacerse hombre, y quedando Dios verdadero, ahora va a ser uno igual que nosotros.

Nos va a conocer como conocemos nosotros.
Nos va a querer como queremos nosotros.
Nos va a amar como amamos nosotros.
Va a trabajar con manos encallecidas como trabajamos nosotros.

Dios va a hacer todo lo nuestro con manos nuestras, va a entender con cerebro nuestro, va a amar con corazón nuestro…

Si este Dios no se gana nuestra voluntad, nuestro cariño, nuestro amor, nuestra adhesión, y si lo dejamos de lado no haciéndole caso ninguno, entonces Dios ha fracaso del todo con nosotros; pero también nosotros habremos fracasado del todo en la vida, y nos perderíamos sin excusa alguna. Porque Dios no ha podido hacer por nosotros más de lo que ha hecho.

Un científico alemán protestante, aunque lo llamaríamos mejor un descreído, profesor en la universidad, lanza en una reunión de gente sabia esta atrevida pregunta:
-¿Que Dios existe? No lo creo, porque, de existir, se cuidaría un poco más de los hombres.

Un caballero católico acepta el desafío y le contesta:
-Falso, señor profesor. Es usted quien no se ocupa de Dios, ya que Dios se ha preocupado bien de usted. Porque, para salvar a los hombres, el mismo Dios se ha hecho hombre.
El profesor reconoce su atrevimiento y empieza a pensar. No mucho después abrazaba el catolicismo.

Tener con nosotros a Dios hecho hombre, es la condescendencia suma a que Dios ha podido llegar. El Hombre Jesús nos descubre a Dios tal como es Dios con nosotros, porque es Dios quien actúa en Jesús para decirnos cómo Dios nos ama, cómo quiere que seamos, cómo quiere que actuemos en la vida, cómo vamos a ser después para siempre.

Dios ha hecho todas las cosas y en ellas ha dejado la huella de su propio ser, sobre todo de su amor. Por eso la creación entera es una revelación manifiesta de Dios. Dentro de la creación, el hombre es la criatura más excelsa, pues ha sido hecho como varón y como mujer a imagen y semejanza de Dios. Pero en Jesús, Dios ha manifestado toda su gloria en la máxima expresión. El Dios hecho Hombre ha revelado al hombre todo lo que Dios es, lo que ama, lo que promete y lo que va a ser para el hombre glorificado.
Si examinamos esas cuatro palabras clave del párrafo del Concilio y del Catecismo, descubrimos en ellas todo el abismo de la bondad de Dios.

¿Que Dios, en Jesús, trabaja con manos de hombre?… Entonces nosotros amamos nuestra fatiga, nuestro esfuerzo, nuestro deber diario. Si Dios ha hecho lo que hago yo, ¿por qué no voy a hacer yo lo que ha hecho Dios?…

¿Que Dios, en Jesús, piensa con inteligencia de hombre?… Entonces, ¿no veo cómo mis pensamientos pueden ser un cielo límpio, bello, que refleje toda la hermosura del alma preciosa de Jesús?

¿Que Dios, en Jesús, quiso y se determinó con voluntad de hombre?… Entonces, ¿cómo debo yo abrazarme con todo el querer de Dios, si Dios mismo me enseña a hacerlo como Él?
¿Que Dios, en Jesús, amó y ama con corazón de hombre?… Entonces, ¿no veo cómo el amor mío es un amor como el del mismo Dios?…

El hecho de la Encarnación del Hijo de Dios no ha podido ser invento nuestro. No hay hombre que pueda imaginarse algo semejante. Lo sabemos por revelación de Dios, y no es extraño que esta verdad cristiana tan fundamental haya sido objeto, desde la antigüedad hasta hoy, de discusiones acaloradas. Antiguamente se decían algunos herejes:
– ¿Dios unido a la materia? ¡Imposible!…
Hoy se han dicho algunos:
– ¿El hombre necesita a Dios? ¡No nos hace falta!…

Pero la verdad cristiana se mantiene firme: Dios, en Jesús, se hace hombre; y el hombre, en Jesús, llega a ser Dios.

Dios no ha podido descender más abajo, y el hombre no ha podido subir más arriba.

Todo ha sido obra del amor de Dios para ganarse el amor del hombre y darle la salvación. ¿Cabe ahora en el hombre negar a Dios el amor y no aceptar la salvación que Dios le ofrece?… Algunos, harán lo que quieran. Otros, nos apegamos a ese Dios, que, en Jesús, lo es todo para nosotros…

2.  La perfecta humanidad de Jesús 

Jesús es perfecto en su humanidad, del mismo modo que es perfecto en su divinidad. Lo muestran los Evangelios a lo largo y a lo ancho, y lo confirma la Carta a los Hebreos cuando dice:

Por tanto, así como los hijos participan de la sangre y de la carne, así también participó él de los mismos, para aniquilar mediante la muerte, al señor de la muerte, es decir, al Diablo, y libertar a cuantos por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud… Por eso tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, para ser misericordioso y Sumo Sacerdote, fiel en lo que toca a Dios, en orden a expiar los pecados del pueblo. Pues, habiendo sido probado en el sufrimiento, puede ayudar a los que se ven probados” (Hebreos 2, 14-18).

Jesús nació y vivió como un niño cualquiera, en cualquier lugar del mundo y en cualquierChrist%20-%20My%20Son,%20My%20Savior%20-%20Simon%20Dewey época de la historia; fue un joven como los jóvenes de su tiempo y su cultura; llegó a la edad adulta como llegamos nosotros; tuvo que trabajar para mantenerse como lo hacemos nosotros; y, finalmente, murió como todos morimos.

Jesús amó como nosotros amamos, y sufrió como nosotros sufrimos. Sintió hambre, sed, cansancio, sueño, como los sentimos nosotros.  Tuvo anhelos y deseos como nosotros los tenemos. Experimentó el miedo y la angustia, como nosotros los experimentamos; en fin. Los evangelistas no tuvieron ningún reparo en constatarlo con total claridad:

A la mañana temprano, mientras regresaba a la ciudad, Jesús tuvo hambre. Al ver una higuera cerca del camino, se acercó a ella, pero no encontró más que hojas.” (Mateo 21, 18-19)

Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía. Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: “Dame de beber”  “ (Juan 4, 6-7).

Jesús, al ver llorar a María, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado, preguntó: “¿Dónde lo pusieron?”. Le respondieron: “Ven, Señor, y lo verás”. Y Jesús lloró. Los judíos dijeron: “¡Cómo lo amaba!” “ (Juan 11, 33-36).

Christ%20-%20Gethsemane%204%20-%20%20Carl%20Heinrich%20BlochJesús se alejó de ellos, más o menos a la distancia de un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba: “Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”…. En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo” (Lucas 22, 41-42.44)

Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: “¡Tengo sed!” . Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo Jesús: “Todo se ha cumplido”. E inclinando la cabeza, entregó su espíritu”. (Juan 19, 28-30)

Esta humanidad perfecta y total de Jesús, lo hace para nosotros cercano; muy próximo a nuestra propia realidad y a todo lo que ella comprende y significa. Jesús es alguien que conoce las angustias y dificultades de nuestra vida cotidiana, porque las ha experimentado en carne propia. Alguien que sabe cuáles son nuestras necesidades más urgentes, porque él mismo las ha padecido. Alguien que nos comprende perfectamente, porque es uno de los nuestros.

Tal vez nuestra formación religiosa no tuvo esto en cuenta, y por eso nos acostumbramos a mirarlo como un ser lejano y ausente, parapetado en su dignidad divina, ajeno, en cierto sentido a lo que nos agobia y nos duele; alguien de quien sólo se pueden esperar milagros, en circunstancias muy especiales.

Pero la verdad es bien distinta: Jesús desea y busca que comencemos a  mirarlo de otra manera, a verlo con otros ojos.

Quiere que lo tratemos como una persona muy cercana a nuestro corazón, con absolutadhjourney confianza; que nos entreguemos plenamente a él; que le permitamos penetrar en nuestra vida para sanarla, para orientarla, para darle su verdadero valor.

La humanidad perfecta de Jesús, asumida por él en toda su integridad, con absoluta naturalidad, diviniza nuestra condición humana, frágil y limitada. Tomemos conciencia de esto. Es una gran alegría para nosotros. Un regalo inmenso de su bondad.

Tema 5: Orígenes del Cristianismo

El Cristianismo es la religión fundada por Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre. Los cristianos —discípulos de Cristo— se incorporan por el bautismo a la comunidad visible de salvación, que recibe el nombre de Iglesia.

1. ¿Qué entendemos por Cristianismo?

Entendemos por Cristianismo la religión fundada por Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre. La persona y las enseñanzas de Jesús son las bases sobre las que se asienta la religión cristiana. Los cristianos consideran a Jesucristo su Redentor y su Maestro: le reconocen como su Dios y Señor y se adhieren a su doctrina.

En una hora precisa del tiempo y en lugar determinado de la tierra, el Hijo de Dios se hizo hombre e irrumpió en la historia humana. El lugar de nacimiento de Jesús fue Belén de Judá; la hora, cuando reinaba en Judea Herodes el Grande y Quirino era gobernador de Siria, bajo la autoridad suprema del emperador de Roma, César Augusto (cfr. Mt II, 1; Le II, 1-2).

La vida de Cristo entre los hombres se prolongó hasta otro momento de la historia, bien preciso también: la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo tuvieron lugar en Jerusalén, a partir del día 14 del mes de Nisán del año 30 de la Era cristiana. Caifás desempeñaba el cargo de Sumo Sacerdote, gobernaba Judea el «procurador» Poncio Pilato y reinaba en Roma el emperador Tiberio.

 

2. Conocer a Jesucristo

Jesucristo se presentó a sí mismo como el Cristo, el Mesías anunciado por los Profetas y esperado ansiosamente por el Pueblo de Israel. En Cesárea de Filipo, ante la diversidad de opiniones que corrían sobre su persona, el Señor preguntó a los Apóstoles: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» La respuesta dePedro fue rotunda: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo».

Jesús no sólo no enmendó en un ápice estas palabras, sino que las confirmó de modo inequívoco: «No te han revelado eso ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos» (cfr. Mt XVI, 13-17). En la noche de la Pasión, ante los príncipes de los sacerdotes y todo el Sanedrín, Jesús declararía abiertamente que era el Hijo de Dios, el Mesías. A la solemne pregunta del Sumo Sacerdote, la suprema autoridad religiosa de Israel: «¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?», Jesús respondió: «Yo soy» (Me XIV, 61-62).

«Vino a los suyos y los suyos no le recibieron» (lo I, 10). Estas palabras del capítulo primero del Evangelio de San Juan anuncian el drama del rechazo del Salvador por parte del Pueblo elegido. Dominaba en éste por aquel tiempo una concepción político-nacional acerca del esperado Mesías, al que se consideraba como un caudillo terrenal que habría de libertar la nación del yugo de los opresores romanos y restaurar en todo su esplendor el Reino de Israel.

Jesús no respondía a esta imagen, porque su Reino no era de este mundo (cfr. lo XVIII, 36). Por eso no fue reconocido, sino rechazado por los jefes del pueblo y condenado a morir en la Cruz.

 

 

Los milagros obrados por Jesús durante los años de su vida pública constituyen el refrendo de su Mesianidad y confirmaron la doctrina que anunciaba. Esas razones, unidas a la personalidad incomparable del Señor, motivaron decisivamente la adhesión de sus discípulos, y en primer término de los doce Apóstoles.

Una adhesión todavía defectuosa al principio, por parte de hombres que compartían muchos de los prejuicios desus contemporáneos; unos hombres cuya mentalidad les hacía difícil comprender la verdadera naturaleza de la misión redentora de Jesús, lo que explica el tremendo desconcierto que les causó la Pasión y Muerte de su Maestro.

La Resurrección de Jesucristo es el dogma central del Cristianismo y constituye la prueba decisiva de la verdad de su doctrina. «Si Cristo no resucitó —escribió San Pablo—, vana es nuestra predicación y vana es vuestra fe» (I Cor XV, 14). La realidad de la Resurrección —tan lejos de las expectativas de los Apóstoles y los discípulos— se les impuso a éstos con el argumento irrebatible de la evidencia: «pero Cristo ha resucitado y ha venido a ser como las primicias de los difuntos» (I Cor XV, 20; cfr. Le XXIV, 27-44; lo XX, 24-28).

Desde entonces los Apóstoles se presentarían a sí mismos como «testigos» de Jesucristo resucitado (cfr. Act II, 22; III, 15), lo anunciarían por el mundo entero y resellarían su testimonio con la propia sangre. Los discípulos de Jesucristo reconocieron su divinidad, creyeron en la eficacia redentora de su Muerte y recibieron la plenitud de la Revelación, transmitida por el Maestro y recogida por la Escritura y la Tradición.

 

3. El nacimiento de la Iglesia

Pero Jesucristo no sólo fundó una religión —el Cristianismo—, sino también una Iglesia. La Iglesia —el nuevo Pueblo de Dios— fue constituida bajo la forma de una comunidad visible de salvación, a la que se incorporan los hombres por el bautismo. La Iglesia está cimentada sobre el Apóstol Pedro, a quien Cristo prometió el Primado —«y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt XVI, 18)— y se lo confirmó y confirió después de la Resurrección: «apacienta mis corderos», «apacienta mis ovejas» (cfr. lo XXI, 15-17).

 

 

La Iglesia de Jesucristo existirá hasta el fin de los tiempos, mientras perdure el mundo y haya hombres sobre la tierra: «y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» (Mt XVI, 18). La constitución de la Iglesia se consumó el día de Pentecostés, y a partir de entonces comienza propiamente su historia

Primeros años de expansión del cristianismo

Los cristianos, perseguidos por el Sanedrín, se desvincularon muy pronto de la Sinagoga. El Cristianismo, desde sus orígenes, fue universal, abierto a los gentiles, y éstos fueron declarados libres de las prescripciones de la Ley mosaica.

  1. Primera expansión
  2. Universalidad del Cristianismo
  3. El concilio de Jerusalén
  4. Los propulsores de la expansión
  5. Fuentes para la expansión

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1. Primera expansión

«No es el discípulo más que el Maestro» (Mt X, 24), había advertido Jesús a los suyos, cuando aún permanecía con ellos en la tierra. El Sanedrín declaró a Jesús reo de muerte por proclamar que Él era el Mesías, el Hijo de Dios. La hostilidad de las autori­dades de Israel, que habían condenado a Cristo, debía dirigirse luego contra los Apóstoles, que anunciaban a Jesucristo Resucitado y confirmaban su predicación con milagros obrados ante todo el pueblo.

 

El Sanedrín intentó silenciar a los Apóstoles, pero Pedro respondería al Sumo Sacerdote que «es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres» (Act V, 29). Los Apóstoles fueron azotados, pero ni las amenazas ni la violencia lograron acallarlos, y salieron gozosos «por haber sido hallados dignos de sufrir oprobio» por el nombre de Jesús.

La muerte del diácono San Esteban, lapidado por los judíos, señaló el principio de una gran persecución contra los discípulos de Jesús.

La separación entre Cristianismo y Judaismo se hizo cada vez más profunda y patente. El universalismo cristiano se puso pronto de manifiesto, en contraste con el carácter nacional de la religión judía. A Antioquia de Siria, una de las grandes metrópolis de Oriente, llegaron discípulos de Jesús fugitivos de Jerusalén.

Algunos de ellos eran helenistas, con mentalidad más abierta que la de los judíos palestinos, y comenzaron a anunciar el Evangelio a los gentiles. En la cosmopolita Antioquía, el universalismo de la Iglesia se hizo realidad y allí fue, precisamente, donde los seguidores de Cristo comenzaron a llamarse cristianos.

 

2. Universalidad del Cristianismo

La universalidad de la Redención y de la Iglesia de Jesucristo fue confirmada de modo solemne por una milagrosa acción divina, que tuvo al Apóstol Pedro por protagonista y testigo. A Pedro —como una prueba más de su Primado— le fue reservada la suerte de abrir a los gentiles las puertas de la Iglesia.

Los signos extraordinarios que acompañaron a la conversión en Cesárea del centurión Cornelio y su familia tuvieron para Pedro valor decisivo. «Ahora reconozco —fueron sus palabras— que no hay para Dios acepción de personas, sino que en toda nación el que teme a Dios y practica la justicia es acepto a Él» (Act X, 34-35).

En Jerusalén, la noticia de que Pedro había otorgado el bautismo a gentiles incircuncisos produjo estupor. Fue preciso que el Apóstol relatara puntualmente lo ocurrido para que los judeo-cristianos de la Ciudad Santa mudaran de mente y superasen inveterados prejuicios.

 

Comenzaban a comprender que la Redención de Cristo era universal y que la Iglesia estaba abierta a todos: «Al oír estas cosas callaron y glorificaron a Dios diciendo: luego Dios ha concedido también a los gentiles la penitencia para la vida» (Act XI, 18).

Pero la definitiva victoria del universalismo cristiano necesitaba todavía superar un último obstáculo. La admisión de los gentiles en la Iglesia había sido una novedad difícil de com­prender para muchos judeo-cristianos, aferrados a sus viejas tradiciones.

Estos cristianos de origen judío consideraban que los conversos gentiles, para poder ser salvos, necesitaban cuando menos circuncidarse y observar las prescripciones de la Ley de Moisés.

Estas pretensiones, que conturbaron vivamente a los cristianos procedentes de la gentilidad, tuvieron sin embargo la virtud de obligar a plantear abiertamente la cuestión de las relaciones entre la Vieja y la Nueva Ley, y sentar de modo inequívoco la independencia de la Iglesia con respecto a la Sinagoga.

 

3. El concilio de Jerusalén

Para tratar de problemas tan fundamentales se reunió en el año 49 el denominado «concilio» de Jerusalén. En la asam­blea, Pablo y Bernabé llevaron la voz de las iglesias de la gentilidad y dieron testimonio de las maravillas que Dios había obrado en ellas.

 

El Apóstol Pedro, una vez más, habló con autoridad en defensa de la libertad de los cristianos, en relación con las observancias legales de los judíos.

El «concilio», a propuesta de Santiago, obispo de Jerusalén, acordó no imponer cargas superfluas a los conversos gentiles; bastaría que éstos se atuvieran a unos sencillos preceptos: guardarse de la fornicación y, por respeto a la Vieja Ley, abstenerse de comer carnes no sangradas o sacrificadas a los ídolos (Act XV, 1-33).

De este modo quedó resuelto de forma definitiva el problema de las relaciones entre Cristianismo y Ley mosaica.

Los judeo-cristianos siguieron existiendo todavía durante cierto tiempo en Palestina, pero como un fenómeno minoritario y residual, dentro de una Iglesia cristiana, cada vez más extendida por el mundo gentil.

 

4. Los propulsores de la expansión

Los grandes propulsores de la expansión del Cristianismo fueron los Apóstoles, obedientes al mandato de Cristo de anunciar el Evangelio a todas las naciones. No es fácil —por falta de fuentes históricas— conocer la actividad misional de la mayoría de los Apóstoles. Nos consta que el Apóstol Pedro, al marchar de Palestina, se estableció en Antioquía, donde existía una importante comunidad cristiana.

Es posible que luego residiera algún tiempo en Corinto, pero su destino definitivo sería Roma, capital del Imperio, de cuya Iglesia fue primer obispo. En Roma, Pedro sufrió martirio en la persecución desencadenada por el emperador Nerón (a. 64). El Apóstol Juan, tras una larga permanencia en Palestina, se trasladó a Éfeso, donde vivió muchos años más, circunstancia ésta por la cual las iglesias de Asia le consideraron como su propio Apóstol.

Viejas tradiciones hablan de las actividades apostólicas de Santiago el Mayor en España, del Apóstol Tomás en la India, del Evangelista Marcos en Alejandría, etc.

 

5. Fuentes para la expansión

Las noticias sobre la acción apostólica de San Pablo son sin duda las más abundantes, gracias a las informaciones contenidas en los Hechos de los Apóstoles y en el importante corpus de las Epístolas paulinas. San Pablo fue, por excelencia, el Apóstol de las Gentes, y sus viajes misionales llevaron el Evangelio por Asia Menor y Grecia, donde fundó y dirigió numerosas iglesias.

 

Preso en Jerusalén, su largo cautiverio le dio ocasión de dar testimonio de Cristo ante el Sanedrín, los gobernadores romanos y el rey Agripa II.

Conducido a Roma, fue puesto en libertad por el tribunal del César, y es probable que entonces realizara un viaje misional a España, proyectado desde hacía tiempo.

Preso por segunda vez, Pablo sufrió otro juicio, fue condenado y murió mártir en la Urbe imperial.

La obra de los Apóstoles no agota, con todo, el cuadro de la expansión cristiana en el mundo antiguo.

Es indudable que las más de las veces serían hombres humildes y desconocidos —funcionarios, comerciantes, soldados, esclavos— los portadores de las primicias del Evangelio.

Con algunas salvedades, es lícito afirmar que la penetración cristiana fue durante estos siglos un fenómeno que afectó a las poblaciones urbanas mucho más que a las rurales.

Al sonar la hora de la libertad de la Iglesia, en el siglo IV, el Cristianismo había arraigado con fuerza en diversas regiones del Oriente Próximo, como Siria, Asia Menor y Armenia; y en Occidente, en Roma y su comarca y en el África latina.

La presencia del Evangelio fue también considerable en el valle del Nilo y varias regiones de Italia, España y las Galias.

 

Fuente: José Orlandis (Historia de la Iglesia, 2001)

El Imperio pagano y el Cristianismo: Las persecuciones

Introducción

El Cristianismo nació y se desarrolló dentro del marco político-cultural del Imperio romano. Durante tres siglos, el Imperio pagano persiguió a los cristianos, porque su religión representaba otro universalismo y prohibía a los fieles rendir culto religioso al soberano.

 

  1. Introducción: Imperio Romano y Cristianismo
  2. Los primeros conversos
  3. La persecución de Nerón
  4. Desarrollo del Cristianismo en los primeros cuatro siglos
  5. La persecución de Decio
  6. La persecución de Diocleciano

 

1. Introducción: Imperio Romano y Cristianismo

El nacimiento y primer desarrollo del Cristianismo tuvo lugar dentro del marco cultural y político del Imperio romano.

Es cierto que durante tres siglos la Roma pagana persiguió a los cristianos; pero sería equivocado pensar que el Imperio constituyó tan sólo un factor negativo para la difusión del Evangelio.

 

La unidad del mundo grecolatino conseguida por Roma había creado un amplísimo espacio geográfico, dominado por una misma autoridad suprema, donde reinaban la paz y el orden. La tranquilidad existente hasta bien entrado el siglo III y la facilidad de comunicaciones entre las diversas tierras del Imperio favorecían la circulación de las ideas.

Cabe afirmar que las calzadas romanas y las rutas del mar latino fueron cauces para la Buena Nueva evangélica, a todo lo ancho de la cuenca del Mediterráneo.

 

2. Los primeros conversos

La afinidad lingüística —sobre la base del griego, primero, y del griego y el latín, después— facilitaba la comunicación y el entendimiento entre los hombres. El clima espiritual dominado por la crisis del paganismo ancestral y la extensión de un anhelo de genuina religiosidad entre las gentes espiritualmente selectas, predisponía también a dar acogida al Evan­gelio. Todos estos factores favorecían, sin duda, la extensión del Cristianismo.

Pero la adhesión a la fe cristiana implicaba también dificultades que, sin exageración, cabe calificar de formidables. Los cristianos procedentes del Judaismo debían romper con la comunidad de origen, que en adelante los miraría como tránsfugas y traidores.

No eran menores los obstáculos que necesitaban superar los conversos venidos de la gentilidad, sobre todo los pertenecientes a las clases sociales elevadas. La fe cristiana les obligaba a apartarse de una serie de prácticas tradicionales de culto a Roma y al emperador, que tenían un sentido religioso-pagano, pero que eran a la vez consideradas como exponente de la inserción del ciudadano en la vida pública y testimonio de fidelidad hacia el Imperio.

 

 

De ahí la acusación de «ateísmo» lanzada tantas veces contra los cristianos; de ahí la amenaza de persecución y martirio que se cernió sobre ellos durante siglos y que hacía de la conversión cristiana una decisión arriesgada y valerosa, incluso desde un punto de vista meramente humano.

¿Cuáles fueron las razones que determinaron el gran enfrentamiento entre Imperio pagano y Cristianismo? La religión cristiana fomentaba entre las gentes el respeto y la obediencia hacia la legítima autoridad. «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (cfr. Mt XX, 15-21), fue el principio formulado por el propio Cristo.

Los Apóstoles desarrollaron esta doctrina: «toda persona esté sujeta a las potestades superiores, porque no hay potestad que no provenga de Dios» (Rom XIII, 1), escribió San Pablo a los fieles de Roma; «temed a Dios, honrad al rey» (I Pet II, 17), exhortaba San Pedro a los discípulos.

El Imperio, por su parte, era religiosamente liberal y toleraba con facilidad nuevos cultos y divinidades extranjeras. El choque y la ruptura llegaron porque Roma pretendió exigir de sus súbditos cristianos algo que ellos no podían dar: el homenaje religioso de la adoración, que sólo a Dios les era lícito rendir.

3. La persecución de Nerón

Las circunstancias que rodearon a la primera persecu­ción —la neroniana— fueron pródigas en consecuencias, pese a que esa persecución no parece haberse extendido más allá de la Urbe romana.

La acusación oficial hecha a los cristianos de ser los autores de un crimen horrendo —el incendio de Roma— contribuyó de modo decisivo a la creación de un estado generalizado de opinión pública profundamente hostil para con ellos.

El Cristianismo era considerado por el historia­dor Tácito «superstición detestable»; «nueva y peligrosa», se­gún Suetonio; «perversa y extravagante», para Plinio el Joven.

El mismo Tácito calificaba a los cristianos de «enemigos del género humano», y no puede, por tanto, sorprender que el vulgo atribuyese a los discípulos de Cristo los más monstruosos desórdenes: infanticidios, antropofagia y toda suerte de ne­fandas maldades.

«¡Los cristianos a las fieras! —dirá Tertuliano se convirtió en el grito obligado en toda suerte de motines y algaradas populares».

 

4. Desarrollo del Cristianismo en los primeros siglos

El Cristianismo, desde el siglo I, fue considerado como «superstición ilícita», y esta calificación hizo que la mera profesión de la fe cristiana —el «nombre cristiano»— constituyera delito. Ello explica que muchas violencias anticristianas del siglo II tuvieran su origen, más que en la iniciativa de los emperadores o magistrados, en agitaciones o denuncias populares.

 

Por esta razón, la persecución en esta época no fue general ni continua, y los cristianos gozaron en ocasiones de largos períodos de paz, sin lograr por ello ninguna seguridad jurídica ni quedar a salvo de ulteriores agresiones, que podían surgir en cualquier momento.

La ambigua actitud de ciertos emperadores del siglo II está reflejada en la célebre respuesta de Trajano a la consulta elevada por Plinio, gobernador de Bitinia, acerca de la conducta que debía seguir con los cristianos.

Trajano declara que las autoridades no habrían de perseguirlos por su propia iniciativa, ni hacer caso de denuncias anónimas; pero debían actuar cuando recibiesen denuncias en regla, llegando hasta la condena y muerte de los cristianos que no apostataran y rehu­saran sacrificar a los dioses.

Tertuliano —apologista cristiano y buen jurista— pondría luego de relieve el absurdo que encerraba la respuesta trajánica: «Si son criminales —dice, refirién­dose a los cristianos—, ¿por qué no los persigues?; y si son ino­centes, ¿por qué los castigas?» En el siglo III, las persecuciones tomaron un nuevo cariz.

En los intentos de renovación del Imperio que siguieron a la «anarquía militar» —un período de peligrosa desintegración política—, uno de los capítulos principales fue la restauración del culto a los dioses y al emperador, en cuanto expresión de la fidelidad de los súbditoshacia Roma y su soberano.

La Iglesia cristiana, que prohibía a los fieles participar en el culto imperial, apareció entonces como un poder enemigo. Ésta fue la razón de una nueva oleada de persecuciones, promovidas ahora por la propia autoridad imperial y que tuvieron un alcance mucho más amplio que las precedentes.

5. La persecución de Decio

La primera de estas grandes persecuciones siguió a un edicto dado por Decio (a. 250), ordenando a todos los habitantes del Imperio que participaran personalmente en un sacrificio general, en honor de los dioses patrios.

El edicto de Decio sorprendió a una masa cristiana, bastante numerosa ya, y cuyo temple se había reblandecido, tras una larga época de paz. El resultado fue que, aun cuando los mártires fueron numerosos, hubo también muchos cristianos claudicantes que sacrificaron públicamente o al menos recibieron el «libelo» de haber sacrificado, y cuya reintegración a la comunión cristiana suscitó luego controversias en el seno de la Iglesia.

La experiencia sufrida sirvió en todo caso para templar los espíritus y cuando, pocos años después, el emperador Valeriano (253-260) promovió una nueva persecución, la resistencia cristiana fue mucho más firme: los mártires fueron muchos, y los cristianos infieles —los lapsi—, muy pocos.

6. La persecución de Diocleciano

La mayor persecución fue sin duda la última, que tuvo lugar a comienzos del siglo IV, dentro del marco de la gran reforma de las estructuras de Roma realizada por el emperador Diocleciano.

 

El nuevo régimen instituido por el fundador del Bajo Imperio fue la «Tetrarquía», es decir, el gobierno por un «colegio imperial» de cuatro miembros, que se distribuían la administración de los inmensos territorios romanos.

El régi­men tetrárquico atribuía a la religión tradicional un destacado papel en la regeneración del Imperio, pese a lo cual Diocleciano no persiguió a los cristianos durante los primeros dieciocho años de su reinado. Diversos factores —entre ellos sin duda la influencia del césar Galerio— fueron determinantes del comienzo de esta tardía pero durísima persecución. Cuatro edictos contra los cristianos fueron promulgados entre febrero del año 303 y marzo del 304, con el designio de terminar de una vez para siempre con el Cristianismo y la Iglesia.

La perse­cución fue muy violenta e hizo muchos mártires en la mayoría de las provincias del Imperio. Tan sólo las Galias y Britania —gobernadas por el cesar Constancio Cloro, simpatizante con el Cristianismo y padre del futuro emperador Constantino— quedaron prácticamente inmunes de los rigores persecutorios.

El balance final de esta última y gran persecución constituyó un absoluto fracaso. Diocleciano, tras renunciar al trono imperial, vivió todavía lo suficiente en su Dalmacia natal para presenciar, desde su retiro de Spalato, el epílogo de la era de las persecuciones y los comienzos de una época de libertad para la Iglesia y los cristianos.

 

Fuente: José Orlandis (Historia de la Iglesia, 2001)

La Iglesia en el Imperio Romano-Cristiano

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En el transcurso del siglo IV, el Cristianismo comenzó a ser tolerado por el Imperio, para alcanzar luego un estatuto de libertad y convertirse finalmente —en tiempo de Teodosio en religión oficial. El emperador romano-cristiano convocó las grandes asambleas de obispos los concilios—y la Iglesia pudo organizar sus estructuras territoriales de gobierno pastoral.

  1. Introducción
  2. El edicto de Galerio
  3. El edicto de Constantino
  4. Una nueva expansión
  5. La reorganización de la Iglesia
  6. Cristianización de los Imperios

1. Introducción

La libertad le llegó al Cristianismo y a la Iglesia cuando apenas se habían extinguido los ecos de la última gran persecución.

Fue justamente Galerio, principal instigador de aquella embestida persecutoria, el primero en sacar consecuencias prácticas de su rotundo fracaso.

 

 

Llegado como sucesor de Diocleciano a la suprema dignidad imperial, el augusto Galerio, próximo a la muerte, promulgó en Sárdica un edicto que marcaba nuevas pautas a la política romana frente al Cristianismo.

El edicto otorgaba a los cristianos un estatuto de tolerancia: «existan de nuevo los cristianos —decía— y celebren sus asambleas y cultos, con tal de que no hagan nada contra el orden público».

 

2. El edicto de Galerio

El edicto de Galerio, dado en el año 311, no concedía a los cristianos plena libertad religiosa, sino tan sólo una cautelosa tolerancia. Mas, a pesar de ello, su importancia era grande. Por vez primera, el Cristianismo dejaba de ser una «superstición ilícita» y adquiría carta de ciudadanía. Esto representaba una conquista trascendental, no conseguida hasta entonces.

La Iglesia había conocido durante el siglo III épocas de tranquilidad, y hubo incluso emperadores romanos, como Filipo el Árabe (244-249), de evidentes simpatías filocristianas. Mas estos intervalos de bonanza no aportaban seguridad jurídica a la Iglesia, siempre expuesta a nuevas oleadas persecutorias. El estatuto de tolerancia de Galerio encerraba por tanto singular valor.

 

3. El edicto de Constantino

El tránsito de la tolerancia a la libertad religiosa se produjo con suma rapidez, y su autor principal fue el emperador Constantino. A principios del año 313, los emperadores Constantino y Licinio otorgaron el llamado «Edicto de Milán», que, más que una norma legal concreta, parece haber sido una nueva directriz política fundada en el pleno respeto a las opciones religiosas de todos los súbditos del Imperio, incluidos los cristianos.

La legislación discriminatoria en contra de éstos quedaba abolida, y la Iglesia, reconocida por el poder civil, recuperaba los lugares de culto y propiedades de que hubiera sido despojada. El emperador Constantino se convertía así en el instaurador de la libertad religiosa en el mundo antiguo.

Dentro de este estatuto legal de libertad religiosa, la actitud de Constantino fue decantándose gradualmente en favor del Cristianismo. Resulta significativo que, antes incluso del llamado Edicto de Milán, cuando la suerte de la Urbe romana y del Imperio se dilucidaban por las armas entre aquel príncipe y su rival Majencio, el ejército constantiniano llevara en la batalla del Puente Milvio, como emblema propio, el lábaro con el monograma de Cristo.

Constantino consideró siempre suvictoria como una señal celestial, aunque su «conversión» defnitiva —es decir, la recepción del bautismo— la demorase muchos años, hasta vísperas de su muerte (337).

A lo largo de ese tiempo, la orientación procristiana de Constantino se hizo cada vez más patente. Fueron desautorizadas las prácticas paganas cruentas o inmorales y se prohibió a los magistrados participar en los tradicionales sacrificios de culto.

El emperador, por otra parte, favorecía a la Iglesia de muy diversos modos: construcción de templos, concesión de privilegios al clero, ayuda para el restablecimiento de la unidad de la fe, perturbada en África por el cisma donatista y en Oriente por las doctrinas de Arrio. Los principios morales del Evangelio inspiraron de modo progresivo la legislación civil, dando así origen al llamado Derecho romano-cristiano.

 

4. Una nueva expansión

El avance del Cristianismo no se interrumpió tras la muerte de Constantino, si se exceptúa el frustrado intento de restauración pagana por Juliano el Apóstata. Los demás emperadores —incluso aquellos que simpatizaron con la herejía arriana— fueron resueltamente contrarios al paganismo.

Graciano, al asumir en 375 el poder imperial, rechazó el tradicional título de «Pontífice Máximo», que sus predecesores cristianos habíanconsentido conservar. Un enfrentamiento particularmente significativo entre Cristianismo ascendente y paganismo en decadencia se produjo en el escenario más venerable de la Roma antigua: el Senado.

El altar de la Victoria que presidía el aula, como símbolo de la tradición gentil, fue removido por voluntad de los senadores cristianos, que eran ya mayoría, frente al grupode los «viejos romanos», encabezados por el senador Símaco. La evolución religiosa se cerró antes de que terminara el siglo IV, por obra del emperador Teodosio. La constitución Cunaos Populos, promulgada en Tesalónica el 28 de febrero del año 380, ordenó a todos los pueblos la adhesión al Cristianismo católico, a partir de ahora única religión del Imperio.

 

5. La reorganización de la Iglesia

Obtenida la libertad, la Iglesia tuvo necesidad de organizar sus estructuras territoriales, con vista a la acción pastoral en un mundo que se cristianizaba con rapidez. En virtud de lo que se ha llamado «principio de acomodación», la Iglesia tomó las estructuras administrativas del Imperio como norma de su propia organización.

La circunscripción civil más clásica —la provincia— sirvió de modelo a la provincia eclesiástica. El Imperio llegó a contar en el siglo V con más de 120 provincias. Sobre este cuadro territorial fue implantándose gradualmente la división provincial de la Iglesia.

El obispo de la capital de la provincia civil fue adquiriendo cierta preponderancia sobre sus colegas comprovinciales: fue el «metropolitano», obispo de la «metrópoli», y los demás, sus sufragáneos.

En el orden judicial, el metropolitano era la instancia superior de los demás tribunales diocesanos y le correspondía la consagración de los nuevos obispos de su provincia.

Él debía, además, presidir el concilio provincial —asamblea de los obispos de esa demarcación— que, según la disciplina nunca bien observada del Concilio I de Nicea, debía reunirse dos veces al año.

 

6. La cristianización de los Imperios

La división del Imperio en dos «partes» —Oriente y Occidente—, consumada a finales del siglo IV y que terminaría pon provocar la cristalización de dos Imperios, tuvo honda repercusión en la vida de la Iglesia. La «parte» occidental —que coincidía aproximadamente con las regiones de lengua y cultura latinas— tenía como única sede apostólica la de Roma, y por ello el Pontífice romano fue también Patriarca de Occidente. En la «parte» oriental, de cultura griega, siria y copta, sobresalieron varias grandes sedes de fundación apostólica —Alejandría, Antioquía y Jerusalén—, que fueron cabezas de los Patriarcados, amplísimas circunscripciones eclesiásticas.

El Concilio I de Constantinopla elevó la sede de esta ciudad al rango patriarcal y atribuyó a sus obispos la primacía de honor dentro de la Iglesia después del obispo de Roma, «en razón —dijo— de que la ciudad es la nueva Roma». Sobre este fundamento de índole no eclesiástica, sino política —la capitalidad imperial—, se instituyó un nuevo Patriarcado —el de Constantinopla—, destinado a alcanzar una indiscutible preeminencia entre todos los Patriarcados orientales, a partir, sobre todo, del Concilio de Calcedonia.

 

Concilio de Constantinopla

 

La libertad de la Iglesia permitió una más ciara estructuración y un ejercicio más efectivo del Primado de los papas sobre la Iglesia universal. Los grandes pontífices de los siglos IV y V —Dámaso, León Magno, Gelasio— se esforzaron por definir con precisión el fundamento dogmático del Primado romano: la primacía concedida por Cristo a Pedro, de quien los papas eran los legítimos y exclusivos sucesores. A partir del siglo IV, el ejercicio del Primado romano sobre las iglesias occidentales fue muy intenso: lospapas intervinieron en multitud de ocasiones mediante epístolas decretales o por intermedio de legados y vicarios.

En Oriente, un gran concilio —el de Sárdica (343-344)— sancionó el derecho de cualquier obispo del orbe a recurrir, como instancia suprema, al Pontífice romano. Pero prevaleció, en definitiva, una tendencia favorable a la autonomía jurisdiccional, favorecida por el desarrollo de los Patriarcados, especialmente el de Constantinopla. La postura del Oriente cristiano ante Roma, después del Concilio de Calcedonia, puede resumirse así: atribución al obispo de Roma de la primacía de honor en toda la Iglesia; reconocimiento de su autoridad en el terreno doctrinal; pero desconocimiento de cualquier potestad disciplinar y jurisdiccional de los papas sobre las iglesias orientales.

Bajo el Imperio romanocristiano pudieron reunirse grandes asambleas eclesiásticas, manifestación genuina de la catolicidad de la Iglesia, que reciben el nombre de concilios «ecuménicos» o universales. Ocho sínodos ecuménicos tuvieron lugar entre los siglos IV y IX. Particular importancia se reconoció siempre a los cuatro primeros: los de Nicea I (325), Constantinopla I (381), Éfeso (431) y Calcedonia (451). Todos estos concilios se celebraron en el Oriente cristiano, y orientales fueron en su gran mayoría los obispos asistentes.

 

 

Su convocatoria procedió de ordinario del emperador, única autoridad capaz de arbitrar los medios indispensables para la celebración de tan grandes asambleas; en varios de ellos, la convocatoria imperial fue promovida por una iniciativa pontificia, y los legados papales ocupaban un lugar de honor en el aula conciliar. El reconocimiento del carácter ecuménico de un gran concilio se fundó en su recepción por la Iglesia universal, expresada sobre todo a través de la confirmación papal de sus cánones y decretos.

La libertad de la Iglesia y la conversión del mundo antiguo trajo consigo, finalmente, la entrada en escena de un nuevo factor de notable importancia para los tiempos futuros: el emperador cristiano. Este personaje —un simple laico en el orden de la jerarquía— tenía conciencia, sin embargo, de que le correspondía una misión de defensor de la Iglesia y promotor del orden cristiano en la sociedad: era la función que se atribuía ya Constantino cuando tomaba para sí el significativo título de «obispo exterior».

 

Los emperadores cristianos prestaron indudables servicios a la Iglesia, pero sus injerencias en la vida eclesiástica produjeron también numerosos abusos, cuya máxima expresión fue el llamado «Cesaropapismo». Estos abusos fueron particularmente graves en las iglesias de Oriente.

En Occidente, la autoridad del papado, la debilidad de los emperadores occidentales o la lejanía geográfica de los orientales contribuyeron a la salvaguardia de la independencia eclesiástica.

Las relaciones entre poder espiritual y temporal, su armónica conjunción y la misión del emperador cristiano fueron tratados por diversos Padres de la Iglesia y en especial por el papa Gelasio, en una carta al emperador Anastasio.

Pero el papel del emperador cristiano como protector de la Iglesia se juzgaba tan indispensable en los siglos de tránsito de la Antigüedad al Medievo que, cuando los emperadores bizantinos dejaron de cumplir esa misión cerca del Pontificado romano, los papas buscaron en el rey de los francos el auxilio del poder secular que ya no podían esperar del emperador oriental.

 

Fuente: José Orlandis (Historia de la Iglesia, 2001)

Tema 6: Las persecuciones a los cristianos

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Para el final del primer siglo, la mayoría de los apóstoles habían sido asesinados y los cristianos representaban pequeñas minorías distribuidas por todo el Imperio romano. Para un observador ajeno y escéptico, era probable que el cristianismo se estancara y desapareciera rápidamente.

Sumado a este pronóstico, era necesario tener en cuenta el hecho de que el Imperio era cada vez más hostil con el cristianismo y que la nueva fe tenía en contra que sus valores se estaban contraponiendo a los valores de la cultura grecorromana cada vez más.

Pero los cristianos tenían muy clara su posición y los casi seguros sufrimientos que experimentarían producto de su fe. En relación con la oposición estatal, hay que decir que los cristianos ya sabían lo que les sucedería gracias a que el mismo Señor los había alertado. De acuerdo con las enseñanzas de Jesús, resultaba imposible que un discípulo no se enfrentara con el rechazo y la oposición, lo dijo en Mateo 5:12 y en Marcos 10:30. Sin embargo, a diferencia de la enseñanza de otras religiones, Jesús había enseñado que esa situación, lejos de generar odio, debía llevar al discípulo a orar por sus perseguidores.

La persecución de los cristianos en el Imperio romano ocurrió de manera intermitente durante un período de más de dos siglos entre el Gran Incendio de Roma en el 64 d.C bajo Nerón y el Edicto de Milán en el 313 d.C, en el que los emperadores romanos Constantino el Grande y Licinio legalizaron el cristianismo.

Se desconoce el número total de cristianos que perdieron la vida a causa de estas persecuciones, aunque el historiador de la iglesia primitiva Eusebio (263-339) se refiere a la cantidad en uno de sus escritos como «las grandes multitudes». A medida que el cristianismo fue ganando terreno, la actitud del Imperio se fue radicalizando, desde persecuciones producto de la sospecha o la persecución local, hasta hostigamientos radicales, directos y generalizados.

Las diez persecuciones

Tradicionalmente se cree que existieron diez persecuciones generales contra el cristianismo por parte del Imperio romano y muchas otras locales. Nos referimos aquí a las generales.

1. La persecución de Nerón

La primera persecución dirigida por el Imperio hacia el cristianismo se dio en el año 64d.C. durante los tiempos del emperador Nerón (37-68).

Roma había sido incendiada y, al parecer, la única justificación coherente que encontró el emperador fue culpar a los cristianos. No se tiene evidencia de que alguien fuera de la comunidad cristiana protestara por el hecho de haber culpado a los seguidores de Jesús de esta tragedia, lo que podría suponer que el cristianismo ya era bastante impopular entre los ciudadanos de la capital del Imperio. También se cree que durante esta ola de persecuciones murieron los apóstoles Pedro y Pablo.

Representación del "Gran incendio de Roma"

Representación del «Gran incendio de Roma» / Imagen. Wikipedia

2. La persecución de Domiciano

La segunda persecución al parecer se habría dado durante el gobierno del emperador Domiciano (51-96) entre los años 90 y 96 d.C. A pesar de que durante este periodo hubo confrontación entre el pensamiento cristiano y el pagano, algunos estudios e investigaciones modernas han sugerido que no fue de grandes dimensiones. Se dieron algunos asesinatos y destierros, pero no al nivel de las siguientes persecuciones.

Busto de Domiciano

Busto de Domiciano / Foto: Wikipedia

3. La persecución de Trajano

La que comúnmente llamamos tercera persecución se dio bajo el emperador Trajano (53 – 117), entre el año 98 d.C y 117 d.C. El emperador no simpatizaba con el cristianismo, así que, a pesar de no perseguirlos de manera directa, si alguien los acusaba, se podría proceder en su contra. Como consecuencia, el solo hecho de ser cristiano ya representaba una posible sanción legal.

Busto de Trajano

Busto de Trajano / Foto: Wikipedia

4. La persecución de Adriano

La cuarta persecución se dio bajo el emperador Adriano (76-138), del 117d.C y 138d.C. Aunque este emperador fue más indulgente con los cristianos, durante este periodo se siguió manteniendo la persecución legal a los seguidores de Jesús.

Relieve en honor a Trajano

Relieve en honor a Trajano / Foto: Wikipedia

5. La persecución de Marco Aurelio

La quinta persecución sucedió durante el gobierno de Marco Aurelio (121-180), entre el año 161d.C. y 180 d.C. A pesar de ser considerado como un emperador ilustrado, no escondió su aversión hacia el cristianismo. En el año 177 d.C instigó una persecución en la ciudad de Lyon. También impulsó a Celso a escribir un tratado en contra del cristianismo. El emperador promovió una imagen despectiva de los cristianos y dejó para la historia lo que alguien un día dijo al respecto:

“Lo que justifica la eliminación física de los cristianos es, ni más ni menos, que creen de manera diferente, que contemplan la existencia de manera diferente, que viven de manera diferente. No ilegal o perversamente. Solo diferente.”

Cuadro de Eugène Delacroix que representa la muerte de Marco Aurelio.

Cuadro de Eugène Delacroix que representa la muerte de Marco Aurelio.

6. La persecución de Septimio Severo

La sexta persecución se dio durante el reinado del emperador Septimio Severo (145 – 211), entre el 202 d.C. y 211 d.C. Durante este periodo, convertirse en cristiano y bautizarse se volvió un acto ilegal y castigable con la muerte.

Aureus con la efigie de Septimio Severo

Aureus con la efigie de Septimio Severo / Imagen: Wikipedia

7. La persecución de Maximino Tracio

Durante el periodo del emperador Maximino Tracio (173 – 238), en el 235d.C se produjo la séptima persecución que duró hasta el año 236 d.C. El emperador promulgó un edicto u orden de ejecución contra los dirigentes cristianos.

Busto de Maximino Tracio

Busto de Maximino Tracio

8. La persecución de Decio

Pero la anterior persecución solo sería un pequeño anticipo de la que se produciría en el reinado del emperador Decio (201 – 251), durante la octava persecución entre el año 249 d.C. y 251 d.C. 

Para aquel entonces el Imperio no consideraba a los cristianos meramente como oportunos chivos expiatorios, como en el tiempo de Nerón, miembros de una minoría despreciable a los que podía ejecutarse si se hacía pública su condición, como en el periodo de Trajano, o seguidores de un culto repugnante que merecían la prohibición y la muerte, como en los tiempos de Marco Aurelio. Se habían convertido en un grupo social cuya escala de valores e influencia se oponían directamente con los del Imperio.

Áureo de victoria de Decio.

Áureo de victoria de Decio.

9. La persecución de Valeriano

Bajo el emperador Valeriano (200 – 260) se produjo la novena persecución, entre los años 257 d.C y 260 d.C., en la que se prohibieron las reuniones cristianas y se arrestaron a numerosos obispos. Quizá se esperaba que el ataque contra los dirigentes debilitaría al movimiento, pero la estrategia de Valeriano no dio los resultados que esperaba. Al año siguiente, convencido de que la aniquilación de la jerarquía no se traduciría en el final del cristianismo, ordenó la ejecución de todos los diáconos y laicos de relevancia que no apostataran. La nueva medida estuvo en vigor durante dos años y sólo concluyó cuando Galieno decidió derogarla y devolver sus propiedades a las iglesias.

Grabado del emperador Valeriano

Grabado del emperador Valeriano / Imagen: History Collection

10. La persecución de Diocleciano

Muchos cristianos empezaban a respirar aliviados porque creían que la persecución en el tiempo del emperador Valeriano sería la última y que el cristianismo empezaría a ser tolerado en el futuro. Sin embargo, la realidad era que le esperaba una de sus peores pruebas. En el 303d.C, Diocleciano (244-311) ordenó, por influencia de Galerio (260-311), la destrucción de las iglesias y la quema de todos los volúmenes donde aparecieran recopiladas porciones de las Sagradas Escrituras en lo que sería la décima y última gran persecución. Se trataba, como había sucedido con Valeriano, solo de un primer paso. La medida, pese a su rigor, no obtuvo los objetivos esperados, y un edicto promulgado al año siguiente autorizó incluso el empleo de la pena de muerte contra los cristianos

Diocleciano

Diocleciano / Imagen: Wikipedia

Ni siquiera la abdicación de Diocleciano significó el final de la persecución. Los cristianos eran considerados enemigos directos del Imperio y esta convicción tuvo como resultado el que continuara la persecución, aunque su intensidad variaría según los distintos gobernantes. Por fin, en el 311d.C., Galerio promulgó un edicto de tolerancia que obligó al año siguiente a Maximino Daya (270-213), un feroz perseguidor de los cristianos, a seguir su ejemplo. De la misma manera ocurrió bajo Aureliano

Constantino (272-337) y Licinio (250-325) proclamaron la libertad religiosa completa. A partir de ese momento se dan por concluidas las persecuciones imperiales, aunque lo cierto es que tanto Licinio como Juliano (361-363) desencadenarían nuevas persecuciones en intentos agónicos de aplastar el cristianismo e imponer de nuevo el paganismo.

Pintura medieval que representa el bautismo de Constantino

Pintura medieval que representa el bautismo de Constantino / Imagen: Wikipedia

Las consecuencias

¿Qué consecuencias tuvieron estas persecuciones? Estas persecuciones influyeron fuertemente en el desarrollo del cristianismo, dando forma a la teología cristiana y la estructura de la Iglesia. Los efectos de las persecuciones incluyeron muchos de los grandes documentos de explicaciones y defensas del cristianismo.

Mártires, teólogos, apologistas, filósofos, biblistas y muchos eruditos, pensadores y escritores transmitieron sus interpretaciones y pensamientos mientras esquivaban los duros golpes del Imperio. Gran parte de las formas en las que concebimos y vivimos el cristianismo hoy, se moldearon durante las persecuciones de estos casi tres siglos.

Sin embargo, muchos de los testimonios de fe, templanza y carácter de los creyentes de estos tiempos han llegado hasta nosotros para inspirarnos y retarnos.

¿Y tú? ¿Qué piensas? ¿De qué forma crees que la persecución ha forjado el carácter del cristianismo? ¿Crees que de alguna manera la persecución es necesaria?

 

Tema 7: Versión Libro

Tema 7: La Iglesia

Cristo y la Iglesia

La Iglesia es un misterio, es decir, una realidad en la que entran en contacto y comunión Dios y los hombres. Iglesia viene del griego “ekklesia”, que significa asamblea de los convocados. En el Antiguo Testamento fue utilizada para traducir el “quahal Yahweh”, o asamblea reunida por Dios con propósito cultual. Son ejemplos de ello la asamblea sinaítica y la que se reunió en tiempos del rey Josías con el fin de alabar a Dios y volver a la pureza de la Ley (reforma). En el Nuevo Testamento tiene varias acepciones, en continuidad con el Antiguo Testamento, pero designando especialmente el pueblo que Dios convoca y reúne desde todos los confines de la tierra para constituir la asamblea de todos los que, por la fe en su Palabra y el Bautismo, son hijos de Dios, miembros de Cristo y templo del Espíritu Santo[1].

«La Iglesia tiene su origen y realización en el designio eterno de Dios. Fue preparada en la Antigua Alianza con la elección de Israel, signo de la reunión futura de todas las naciones. Fundada por las palabras y las acciones de Jesucristo, fue realizada, sobre todo, mediante su Muerte redentora y su Resurrección. Más tarde, se manifestó como misterio de salvación mediante la efusión del Espíritu Santo en Pentecostés. Al final de los tiempos, alcanzará su consumación como asamblea celestial de todos los redimidos»[2].

La Iglesia no la han fundado los hombres, ni siquiera es una respuesta humana noble a una experiencia de la salvación realizada por Dios en Cristo. En los misterios de la vida de Cristo, el ungido por el Espíritu, se han cumplido las promesas anunciadas en la Ley y en los profetas. También en su vida —toda— se ha fundado la Iglesia. No hay un momento único en el que Cristo haya fundado la Iglesia, sino que la fundó en toda su vida: desde la encarnación hasta su muerte, resurrección, ascensión y envío del Paráclito. En toda su vida, Cristo —en quien habitaba el Espíritu— fue manifestando cómo debería ser su Iglesia, disponiendo unas cosas y después otras. Después de su Ascensión, el Espíritu fue enviado a toda la Iglesia y en ella permanece recordando todo lo que el Señor dijo a los apóstoles y guiándola a lo largo de la historia hacia su plenitud. Él es la causa de la presencia de Cristo en su Iglesia por los sacramentos y por la Palabra, y la adorna continuamente con diversos dones jerárquicos y carismáticos (Lumen gentium, nn. 4 y 12). Por su presencia se cumple la promesa del Señor de estar siempre con los suyos hasta el final de los tiempos (Mt 28,20).

Pueblo de Dios, cuerpo de Cristo y comunión de los santos

En la Sagrada Escritura la Iglesia recibe distintos nombres, cada uno de los cuales subraya especialmente algunos aspectos del misterio de la comunión de Dios con los hombres. “Pueblo de Dios” es un título que Israel recibió. Cuando se aplica a la Iglesia, nuevo Israel, quiere decir que Dios no quiso salvar a los hombres aisladamente, sino constituyéndolos en un único pueblo reunido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que le conociera en la verdad y le sirviera santamente (Lumen gentium, 4 y 9; San Cipriano, De Orat Dom. 23; CSEL 3, p. 285).

También significa que ella ha sido elegida por Dios. El Pueblo es de Dios y no es propiedad de ninguna cultura, gobierno o nación. Además es una comunidad visible que está en camino –entre las naciones– hacia su patria definitiva. En este último sentido se puede decir que «Iglesia y sínodo son sinónimos» (San Juan Crisóstomo, Explicatio in Psalmum 149: PG 55,493). Todos caminamos juntos hacia un mismo destino común, todos somos llamados a una misma misión, todos estamos unidos en Cristo y en el Espíritu Santo con Dios Padre. En ese pueblo todos tienen la común dignidad de los hijos de Dios, una misión común de ser sal de la tierra, un fin común, que es el Reino de Dios. Todos participan de las tres funciones de Cristo[3].

Cuando decimos que la Iglesia es el “cuerpo de Cristo” queremos subrayar que, a través del envío del Espíritu Santo, Cristo une íntimamente consigo los fieles, sobre todo en la Eucaristía, porque en ella los fieles se mantienen y crecen unidos en la caridad formando un solo cuerpo en la diversidad de los miembros y funciones. También se indica que la salud y la enfermedad de un miembro repercute en todo el cuerpo (1 Cor 12,1-24), y que los fieles, como miembros de Cristo, son instrumentos suyos para obrar en el mundo[4]. La Iglesia también es llamada “Esposa de Cristo” (Ef 5,26s), lo cual acentúa, dentro de la unión que la Iglesia tiene con Cristo, la distinción entre Cristo y su Iglesia. También señala que la Alianza de Dios con los hombres es definitiva, Dios es fiel a sus promesas, y la Iglesia le corresponde fielmente siendo Madre fecunda de todos los hijos de Dios.

El Concilio Vaticano II retomó una antigua expresión para designar a la Iglesia: “comunión”. Con ello se indica que ella es la expansión de la comunión íntima de la Santísima Trinidad a los hombres, que en esta tierra ella ya es comunión con la Trinidad divina, aunque no se haya consumado aún en su plenitud. Además de comunión, la Iglesia es signo e instrumento de esa comunión para todos los hombres. Por ella participamos en la vida íntima de Dios y pertenecemos a la familia de Dios como hijos en el Hijo (Gaudium et spes, 22) por el Espíritu. Esto se realiza de forma específica en los sacramentos, principalmente en la Eucaristía, también llamada muchas veces comunión (1 Cor 10, 16).

La Iglesia es communio sanctorum: comunión de los santos, es decir, comunidad de todos los que han recibido la gracia regeneradora del Espíritu por la que son hijos de Dios, unidos a Cristo y llamados santos. Unos aún caminan en esta tierra, otros ya murieron y se purifican también con la ayuda de nuestras plegarias. Otros, en fin, gozan ya de la visión de Dios e interceden por nosotros. La comunión de los santos también quiere decir que todos los cristianos tenemos en común los dones santos, en cuyo centro está la Eucaristía, todos los demás sacramentos que a ella se ordenan, y todos los demás dones y carismas.

Por la comunión de los santos, los méritos de Cristo y de todos los santos que nos han precedido en la tierra nos ayudan en la misión que el mismo Señor nos pide realizar en la Iglesia. Los santos que están en el Cielo no asisten con indiferencia a la vida de la Iglesia peregrinante, y aguardan que la plenitud de la comunión de los santos se realice con la segunda venida del Señor, el juicio y la resurrección de los cuerpos. La vida concreta de la Iglesia peregrina y de cada uno de sus miembros tiene gran importancia para la realización de su misión, para la purificación de muchas almas y para la conversión de tantas otras: «De que tú y yo nos portemos como Dios quiere —no lo olvides— dependen muchas cosas grandes»[5].

A la vez, cabe la desgracia de que los fieles no respondan como Dios quiere, debido a sus limitaciones, a sus equivocaciones o al pecado que cometen. Algunas de las parábolas del Reino explican que el trigo convive con la cizaña, los peces buenos con los malos, hasta el fin del mundo. San Pablo reconocía que los Apóstoles llevaban el gran tesoro en vasos de barro (2 Co 4,7) y hay varias admoniciones en el Nuevo Testamento contra los falsos profetas y contra quién escandaliza a los demás (por ejemplo, Ap 2 y 3)[6]. Como en la Iglesia primitiva, también ahora los pecados de los cristianos (ministros o fieles no ordenados) tienen una cierta repercusión en la misión y en los demás cristianos. Ésta es mayor cuando quién peca —por acción o por omisión— es un ministro o tiene la responsabilidad de velar por los demás, pudiendo incluso ocurrir que se cause escándalo (invitación a pecar). Aunque los pecados afectan la comunión y ese efecto puede incluso ser bien visible, nunca podrán ensombrecer del todo la santidad de la Iglesia ni ahogar completamente su misión, porque eso equivaldría a afirmar que el mal puede más que el amor que Dios manifestó y sigue manifestando por los hombres. Además, la repercusión del bien que hacen tantos cristianos es menos visible, pero mucho mayor, que la del pecado. La oración de todos los cristianos por el Papa, por los obispos, por todo el clero, por los religiosos y laicos es una respuesta de fe ante esta situación que la Iglesia vive hasta que se consume su misterio en la patria. Aun reconociendo la presencia de los pecadores en la Iglesia, nuestro Padre afirmaba que eso «no autoriza en modo alguno a juzgar a la Iglesia de manera humana, sin fe teologal, fijándose únicamente en la mayor o menor cualidad de determinados eclesiásticos o de ciertos cristianos. Proceder así, es quedarse en la superficie. Lo más importante en la Iglesia no es ver cómo respondemos los hombres, sino ver lo que hace Dios. La Iglesia es eso: Cristo presente entre nosotros; Dios que viene hacia la humanidad para salvarla, llamándonos con su revelación, santificándonos con su gracia, sosteniéndonos con su ayuda constante, en los pequeños y en los grandes combates de la vida diaria. Podemos llegar a desconfiar de los hombres, y cada uno está obligado a desconfiar personalmente de sí mismo y a coronar sus jornadas con un mea culpa con un acto de contrición hondo y sincero. Pero no tenemos derecho a dudar de Dios. Y dudar de la Iglesia, de su origen divino, de la eficacia salvadora de su predicación y de sus sacramentos, es dudar de Dios mismo, es no creer plenamente en la realidad de la venida del Espíritu Santo»[7].

La comunión de los santos está orgánicamente estructurada en la tierra, porque Cristo y el Espíritu la hicieron y hacen sacramento de la Salvación, es decir, medio y señal por la que Dios ofrece la Salvación a la humanidad. La Iglesia está estructurada internamente según las relaciones que se dan entre los que, en virtud del Bautismo, tienen el sacerdocio común y los que, además, han recibido el sacerdocio ministerial por el sacramento del Orden. La Iglesia también se estructura externamente en la comunión de las Iglesias particulares, formadas a imagen de la Iglesia universal y presididas cada una por su propio obispo. Análogamente se da esta comunión en otras realidades eclesiales. La Iglesia, así estructurada, sirve al Espíritu de Cristo para la misión (cf.Lumen gentium, 8).

Sacerdocio común

Al entrar en la Iglesia, el cristiano renace en Cristo y, con Él, es hecho rey y sacerdote por la señal de la Cruz; por la unción del Espíritu es consagrado sacerdote. Además, algunos reciben el sacramento del Orden, por el que son capacitados para hacer a Cristo sacramentalmente presente a los demás fieles, sus hermanos, predicar la Palabra de Dios y guiar a sus hermanos en lo que concierne a la fe y a la vida cristiana. Con esta distinción entre la condición común cristiana y los ministros sagrados, Dios nos muestra que desea comunicar su gracia a través de otros, que la salvación nos viene desde fuera de cada uno de nosotros y no depende de nuestras capacidades personales. En la Iglesia de Dios hay, pues, dos modos esencialmente distintos de participar en el sacerdocio de Cristo, que están mutuamente ordenados entre sí; esa mutua ordenación no es una mera condición moral para el desarrollo de la misión, sino el modo en que el sacerdocio de Cristo se hace presente en esta tierra (Lumen gentium, 10 y 11).

El sacerdocio no se reduce, por tanto, a un servicio específico dentro de la Iglesia, porque todos los cristianos han recibido un carisma específico y se reconocen miembros de una estirpe real y partícipes de la función sacerdotal de Cristo (cf. San León Magno, Sermones, IV, 1: PL 54, 149). Es una condición común a todos los cristianos, hombres y mujeres, laicos y ministros sagrados, que fue recibida con el Bautismo y ha sido reforzada por la Confirmación. Por tanto, todos los cristianos tienen en común la condición de fieles, es decir, al ser «incorporados a Cristo mediante el Bautismo, han sido constituidos miembros del Pueblo de Dios; han sido hechos partícipes, cada uno según su propia condición, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, y son llamados a llevar a cabo la misión confiada por Dios a la Iglesia. Entre ellos hay una verdadera igualdad en su dignidad de hijos de Dios»[8]. El sacerdocio común se ejercita en la respuesta a la llamada a la santidad y a continuar la misión de Cristo, que todos han recibido con el Bautismo.

En el hebraísmo, en las religiones que han rodeado Israel y en muchas religiones más, es el sacerdote quien hace de mediador. Por tanto, el que quiere entrar en relación con Dios tiene que pedir al sacerdote que lo haga en su nombre. La función del sacerdote es de mediación: unir los hombres con Dios, y Dios con los hombres, ofrecer sacrificios y bendecir. Para explicar el sacerdocio de los fieles, los Padres de la Iglesia han subrayado que cada uno de los cristianos tenía acceso directo a Dios. Porque todos participamos del sacerdocio de Cristo, hay una inmediatez y una cercanía de todos los cristianos con Dios.

En concreto, el cristiano —por su unión a Cristo— está capacitado para ofrecer sacrificios espirituales, llevar el mundo a Dios y Dios al mundo. Todos los bautizados están llamados a poner a Dios y a los demás en relación. Hay una dimensión ascendente y otra descendente del sacerdocio común. La ascendente nos capacita a elevar a Dios nuestras vidas con todo lo que suponen, junto con Cristo. En Él, en la Santa Misa, nuestros pequeños trabajos y sacrificios adquieren un valor de eternidad. Más adelante, en el Cielo, los veremos transfigurados.

La dimensión descendente del sacerdocio común implica que el sacerdote comunica los dones de Dios a los hombres. Es lo que nos hace instrumentos de la santidad de los demás, por ejemplo, con nuestro apostolado. Esto ocurre en la misión de los padres cuando ayudan a crecer en la fe, en la esperanza y en la caridad a sus hijos, o en la santificación del matrimonio y de la vida familiar. También ocurre cuando acercamos a Dios a nuestros amigos y a nuestros compañeros de trabajo: «Mientras desarrolláis vuestra actividad en la misma entraña de la sociedad, participando en todos los afanes nobles y en todos los trabajos rectos de los hombres, no debéis perder de vista el profundo sentido sacerdotal que tiene vuestra vida: debéis ser mediadores en Cristo Jesús para llevar a Dios todas las cosas, y para que la gracia divina lo vivifique todo»[9]. Esta misión santificadora de los cristianos no ordenados está íntimamente unida a la misión santificadora de los ministros sagrados, y de ella necesita. San Josemaría lo explicaba, hablando concretamente del apostolado de sus hijos, explicando que cada uno «procura ser apóstol en su propio ambiente de trabajo, acercando las almas a Cristo mediante el ejemplo y la palabra: el diálogo. Pero en el apostolado, al conducir a las almas por los caminos de la vida cristiana, se llega al muro sacramental. La función santificadora del laico tiene necesidad de la función santificadora del sacerdote, que administra el sacramento de la Penitencia, celebra la Eucaristía y proclama la Palabra de Dios en nombre de la Iglesia»[10].

El sacerdocio común también comporta la misión real de Cristo, por la que todos los cristianos hacen que Cristo reine en sus vidas y en su entorno, sirviendo a los demás, especialmente en los pobres, en los enfermos y en todos los necesitados. El servicio es el modo de ejercicio de la dignidad real de los cristianos. También nos ayuda a descubrir y llevar a cabo lo que Dios ha pensado para el mundo.

Dios ha pensado el sacerdocio común y el ministerial mutuamente ordenados entre sí en la Iglesia. Su sacerdocio se presenta en la tierra en esa mutua articulación. Por eso, el clericalismo es un desequilibrio de esa mutua ordenación. Se verifica cuando los ministros invaden el campo de los demás fieles en asuntos y cosas que no les conciernen, o cuando los fieles no ordenados invaden el campo del sacerdocio ministerial cumpliendo funciones que son de los ministros.

Diversidad de vocaciones en la Iglesia

La Iglesia tiene que anunciar e instaurar entre todos los pueblos el Reino de Dios inaugurado por Cristo. En la tierra ella es el germen e inicio de este Reino. Después de su Resurrección, el Señor envió a los Apóstoles a anunciar el Evangelio, a bautizar y a enseñar a cumplir todo lo que Él había mandado (Mt 28,18ss). El Señor dejó a su Iglesia la misma misión que el Padre le había confiado (Jn 20,21). Desde el inicio de la Iglesia esta misión fue realizada por todos los cristianos (Hch 8,4; 11,19), que muchas veces han llegado al sacrificio de la propia vida para cumplirla. El mandato misionero del Señor tiene su fuente en el amor eterno de Dios, que ha enviado a su Hijo y a su Espíritu porque «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tm 2,4).

En este envío misionero están contenidas las tres funciones de la Iglesia en la tierra: el munus profeticum (anunciar la buena noticia de la salvación en Cristo), el munus sacerdotale (hacer efectivamente presente y transmitir la vida de Cristo que salva por los sacramentos y por la gracia) y el munus regale (ayudar a los cristianos a cumplir la misión de llevar el mundo a Dios y de crecer en santidad). Aunque todos los fieles comparten esta misma misión, no todos desempeñan el mismo papel. Algunos sacramentos y carismas configuran y capacitan a los cristianos para determinadas funciones ligadas a la misión.

Como hemos visto, los que tienen el sacerdocio común y los que también tienen el sacerdocio ministerial están mutuamente ordenados entre sí, de tal modo que hacen presente el sacerdocio y la mediación de Cristo en la tierra, los dones de la gracia, la fuerza y la luz de que todos necesitan para poder desarrollar la misión. Algunos de ellos fueron conformados con Cristo cabeza de la Iglesia de una forma específica, distinta de los demás. Al haber recibido el sacramento del Orden, ellos poseen el sacerdocio ministerial para hacer sacramentalmente presente a Cristo para todos los demás fieles. Quienes han recibido la plenitud del sacramento del Orden son los obispos, sucesores de los Apóstoles. Quienes han recibido el sacramento del Orden en su segundo grado son los presbíteros, que ayudan directamente a los obispos. El tercer grado del sacramento del Orden, diaconal, configura a un cristiano con Cristo servidor, para ayudar al obispo y a los presbíteros en la predicación, en la caridad y en la celebración de algunos sacramentos.

En lo que respecta a la misión de llevar el mundo a Dios, hay dos grandes condiciones de vida que están ligadas a esta tarea. Unos tienen la peculiar vocación de llevar el mundo a Dios desde dentro, son los laicos. Lo hacen ordenando según Dios los asuntos temporales con los que su vida está como que entretejida (cfr. Lumen gentium, 31). Puesto que participan del sacerdocio de Cristo, los laicos participan de su misión santificadora, profética y real[11]. Participan en la misión sacerdotal de Cristo cuando ofrecen como sacrificio espiritual, sobre todo en la Eucaristía, la propia vida con todas sus obras. Participan en la misión profética de Cristo cuando acogen en la fe la Palabra de Cristo, y la anuncian al mundo con el testimonio de la vida y de la palabra. Participan en la misión regia de Cristo porque reciben de Él el poder de vencer el pecado en sí mismos y en el mundo, por medio de la abnegación y la santidad de la propia vida, e impregnan de valores morales las actividades temporales del hombre y las instituciones de la sociedad.

Otros tienen la peculiar vocación de apartarse de las realidades y actividades seculares, viviendo según un estado de vida específico que se asemeja, en lo que cabe humanamente, a la condición de vida que los hombres tendrán al final (no se casan y a menudo viven como hermanos en comunidades, no poseen bienes, muchas veces cambian de nombre para así significar que “mueren” para su vida anterior, etc.). Para entrar en ese estado de vida se consagran de modo especial a Dios por la profesión de los consejos evangélicos: castidad (en el celibato o virginidad), pobreza y obediencia. La vida consagrada es un estado de vida reconocido por la Iglesia, que participa en su misión mediante una plena entrega a Cristo y a los hermanos dando testimonio de la esperanza del Reino de los cielos[12]. En concreto, con su estado de vida recuerdan a todos los demás que no tienen en este mundo un domicilio permanente, dan un testimonio público de que todos los logros humanos deberán ser transfigurados en el día de la venida del Señor, y llevan el mundo a Dios como por atracción, desde fuera de las actividades y asuntos de los que se apartaron (cf. Lumen gentium, 44; PC, 5).

Laicos y religiosos llevan el mundo a Dios desde posiciones distintas: los primeros, desde dentro y promoviendo el desarrollo de la creación según la disposición divina (cf. Gn 2,15); los segundos, desde fuera, atrayendo la creación hacia su consumación, que ellos anticipan simbólicamente en su forma de vida. Los primeros necesitan que los segundos les recuerden que no se puede llevar el mundo a Dios sin el espíritu de las bienaventuranzas, los segundos necesitan que los primeros les recuerden que la vocación original del hombre es llevar la creación a la perfección que Dios ha pensado para ella; unos y otros, en comunión, sirven a la edificación del Reino de Dios. La vida consagrada también aporta mucho para la animación cristiana del mundo a través de obras de caridad, beneficencia y asistencia social, a las cuales se dedica con generosidad.

Además, en la vida de la Iglesia van surgiendo muchos caminos y modos de llevar a cabo la misión común. El siglo XX ha visto nacer muchas realidades, los movimientos, las nuevas comunidades monásticas y otras instituciones más recientes, y todas colaboran en la evangelización desde sus carismas propios.

Octavario por la unidad de cristianos

La Iglesia es Una porque su origen y modelo es la Santísima Trinidad; porque Cristo —su fundador— restablece la unidad de todos en un sólo cuerpo; porque el Espíritu Santo une a los fieles con la Cabeza, que es Cristo. Esta unidad se manifiesta en que los fieles profesan una misma fe, celebran unos mismos sacramentos, están unidos en una misma jerarquía, tienen una esperanza común y la misma caridad.

La Iglesia subsiste como sociedad constituida y organizada en el mundo en la Iglesia Católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él (cfr. Lumen gentium, 8). Sólo en ella se puede obtener la plenitud de los medios de salvación puesto que el Señor confió todos los bienes de la Nueva Alianza sólo al Colegio apostólico, cuya cabeza es Pedro. Cristo ha dado la unidad a la Iglesia y ella subsiste en la Iglesia Católica. Esa unidad no se pierde a causa de las desuniones de los cristianos entre sí. Las separaciones entre cristianos causan, sin embargo, una herida en la Iglesia, pueden causar escándalo y retrasan la evangelización.

Los que han nacido en un estado de separación de la Iglesia Católica no pueden considerarse sin más como cismáticos o heréticos. En sus comunidades e Iglesias pueden recibir la gracia a través del Bautismo. En ellas hay muchos bienes de santificación y de verdad que proceden de Cristo e impulsan a la unidad católica, y el Espíritu Santo se sirve de ellas como instrumentos de salvación, puesto que su fuerza viene de la plenitud de gracia y verdad que Cristo dio a la Iglesia católica[13].

Los miembros de esas Iglesias y comunidades se incorporan a Cristo en el Bautismo y por eso los reconocemos como hermanos. Estamos en cierta comunión de oraciones y otros beneficios espirituales, incluso cierta verdadera unión en el Espíritu Santo, con los cristianos que no pertenecen a la Iglesia Católica (Lumen gentium, 15). Se puede crecer en unidad: acercándonos más a Cristo y ayudando a los demás cristianos a estar más cerca de Él; fomentando la unidad en lo esencial, la libertad en lo accidental y la caridad en todo; haciendo más habitable la casa de Dios a los demás; creciendo en veneración y respeto por el Papa y la jerarquía, ayudándoles y siguiendo sus enseñanzas.

El movimiento ecuménico es una tarea eclesial por la que se busca la unidad visible entre los cristianos en la única Iglesia fundada por Cristo. Es un deseo del Señor (Jn 17,21). Se realiza con la oración, con la conversión del corazón, el recíproco conocimiento fraterno y el diálogo teológico.

El octavario de oración por la unidad de los cristianos es una de las actividades de las que se compone el movimiento ecuménico, situándose en el ámbito del llamado ecumenismo espiritual. Nació en Estados Unidos de América en 1908, de mano del episcopaliano Paul Watson, que después se unió a la Iglesia Católica. Los papas Pío X y Benedicto XV elogiaron y animaron a todos los católicos a unirse a esta iniciativa. Se celebra desde el 18 de enero hasta el día 25 de enero, fiesta de la Conversión de San Pablo. Además de la Iglesia Católica, se vive en varias Iglesias ortodoxas y en muchas comunidades cristianas. En algunos lugares puede incluir encuentros de oración o incluso una oración litúrgica, como las Vísperas, con la presencia de cristianos que no están en plena comunión con la Iglesia Católica. Sin embargo, lo más extendido entre todos es la oración personal por esta intención común en favor de la unidad visible de los cristianos durante los ocho días indicados.

¿Qué es la Iglesia?

Hoy en día hay muchas iglesias y denominaciones que dicen ser los verdaderos seguidores de Cristo

Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net

Hoy en día hay muchas iglesias y denominaciones que dicen ser los verdaderos seguidores de Cristo. Sin embargo, en los inicios del cristianismo no era así. Había una sola Iglesia y todos los cristianos permanecían unidos bajo las enseñanzas de los apóstoles.

Hoy hablaremos de cuál es esta Iglesia, y para qué funda Cristo una Iglesia.

Hay personas que encuentran, muchas veces, a la Iglesia como un obstáculo, incluso reconocen que prefieren ir a la Iglesia sólo cuando lo sienten. Otros, sostienen que en la Iglesia católica hay muchas normas y prefieren dejarla. Y hay quienes alegan que ellos prefieren confesarse directo con Dios, o que tratan de acomodar los Mandamientos de la Iglesia según su conveniencia.

¿Por qué Cristo fundó una Iglesia?

Hay muchos cristianos que encuentran a la Iglesia como un obstáculo por las normas, las reglas y la estructura; creen que los asfixia y sugieren entonces vivir algo espontáneo, sin lineamientos. Pero, si lo pensamos bien, no podemos vivir un auténtico cristianismo sin la Iglesia fundada por Cristo.

Sin la Iglesia, el cristianismo se hace inofensivo. La Iglesia traduce el cristianismo en un cristianismo real. Sin la Iglesia, el Evangelio sería como cualquier libro o como una plastilina en donde cada quien modelaría su propio cristianismo, el que quisiera, como más le convenga o le guste, haciendo a un lado aquello que le desagrada y exige.

Hay personas que pueden decir que son católicas, pero que nunca van a Misa, que no se acercan a la Iglesia y sus sacramentos, o que están lejos del Papa y los sacerdotes, representantes de Cristo, y no se dan cuenta que justamente la Iglesia es al Católico como la tortilla a un taco (valga la comparación sencilla): sin la tortilla no hay taco, pues sin la Iglesia no hay cristianismo.

Es la Iglesia la que traduce al cristianismo en un compromiso real y que pone lo rieles de nuestro tren para que sepa hacia donde ir; no puede ser un estorbo para un verdadero cristiano. Es un estorbo sólo para aquellos que quieren vivir el cristianismo como les viene en gana, y que deciden hacerla a un lado y fundar su «iglesia propia».

Por ejemplo, el joven que se escapa de la escuela, que dice sentirse muy feliz y contento por que no hay quien le exija, aún cuando sabe que su deber es estar estudiando; sólo se engaña a él mismo. Pues en nuestra religión, es la Iglesia la que nos pone las normas, la que hace que el cristianismo sea compromiso, la que nos motiva e impulsa a seguir, la que responde nuestras dudas, la que nos señala por donde ir, que nos da un espíritu de lucha, de superación, de esfuerzo, de exigencia, reto y autoconquista para transformarnos en otro Cristo.

Es gracias a la Iglesia que sabemos que lo importante no era tener el cabello largo, usar sandalias, y traer túnica para ser católico. Sin la Iglesia, el cristianismo no hubiera pasado de ser el club de amigos de Jesús de Nazaret. Fue la Iglesia la que propagó, perpetuó y creó ese movimiento de fe, amor práctico y compromiso de vida. Para eso Cristo creó su Iglesia para que perpetuar a lo largo del tiempo su mensaje.

¿Por qué, a veces, estorban las normas de la Iglesia?

La única respuesta es por falta de amor. Por ejemplo, cuando tu amas a una persona estás dispuesto a hacer todo lo que ella te pide: hasta te sacas diez en el examen, o hasta te cae bien tu suegra. Dejas todo por corresponder a ese amor que te tienen, cumples con tus responsabilidades y hasta dejas el partido de fútbol por estar con esa persona.

Cuando se ama, aún el gesto más sencillo, un pequeño detalle lo sabemos apreciar. Si decimos ser cristianos y amar a Cristo, ¿por qué entonces no sabemos apreciar lo que Cristo hizo por nosotros al dejarnos concretamente, y sin fallas, todo lo que quiere que hagamos y como hacerlo?

Hay veces en que apreciamos más un detalle que nos brinda un desconocido, que el gran regalo que nos tiene Cristo; y hasta lo dejamos a un lado con el moño puesto.

Cuando hay amor no dejas a Cristo abandonado con los brazos abiertos por que te pidió que hicieras ciertas cosas: te das por completo aceptando las normas y condiciones. Como cuando una pareja se va a casar, la novia no puede pensar «me caso contigo y te entrego toda mi vida incondicionalmente, pero yo no plancho, ni lavo, ni hago de comer». Cuando amas lo das todo sin límites, y aceptas los requisitos sin límites.

Cristo fundó una Iglesia y estableció una jerarquía a ser respetada (El Papa, los Obispos); puso unas leyes y normas para que no estuviéramos cada año, cada tiempo y cada moda re-inventando la Iglesia, sino para que vivamos en la Iglesia como Él quiso, por amor a ella y así, formemos con ella un sólo cuerpo en Cristo.

¿Qué significa Iglesia?

Iglesia quiere decir «comunidad convocada». En este caso, convocada por Cristo.

Cristo dio ciertas características a la Iglesia para que la distinguiéramos como la verdadera. Entre estas características está la unidad.

En primer lugar, unidad de fe, que se muestra por el Credo que rezamos todos los Domingos, que es el mismo que rezaban los apóstoles y describe en pocas palabras en qué creemos como católicos.

En segundo lugar, unidad de comunión, pues formamos una sola Iglesia en todo el mundo, en donde nuestro jefe, nuestro rey es Cristo, y su vicario, la cabeza visible de la Iglesia es el Papa. Es la misma en todas partes del mundo, ya sea en Cuba, en México, o en España. Igual que en los primeros tiempos, en donde existía la misma Iglesia en Filipo o en Corintio. Unidad de comunión, también porque comemos del mismo pan y formamos un mismo cuerpo (Hechos 2:42).

Es necesario que colaboremos en esta unidad, que estemos unidos entre nosotros, unidos entre los grupos sin que haya divisiones, y después, estos grupos unidos al sacerdote; y él, a su vez, al obispo y al Papa. Y así, dar testimonio verdadero de que somos la Iglesia de Cristo y que en nosotros se cumple ese deseo de Cristo, la unidad. Esta es una característica que nos distingue a los católicos.

La Iglesia es llamada, también, Cuerpo Místico de Cristo, en donde Jesús es la cabeza y nosotros todo el cuerpo. Y está viva como el cuerpo de cualquiera de nosotros lo está; y siente dolor cuando una parte se enferma; y alegría cuando una parte se mejora. Cada uno de nosotros forma la Iglesia de Cristo, y es en nosotros, en los jóvenes, donde la Iglesia se mira a sí misma. «Vosotros jóvenes sois la esperanza de la Iglesia», afirmó hacia el comienzo de su pontificado, el papa Juan Pablo II.

Gracias a muchas personas, hoy tenemos nuestra fe. Desde los primeros tiempos hasta el día de hoy, desde los apóstoles, mártires, y tantos santos que, al dar su vida, nos mostraron el valor de nuestra fe. Ahora, el Santo Padre nos dice que nosotros, que cada uno de nosotros somos la esperanza de la Iglesia, porque ahora nos corresponde tomar la estafeta de nuestra fe y transmitirla, para continuar a través de nuestro testimonio esa gran labor que Cristo ha dejado: «Id por todo el mundo y predicad el Evangelio».

Hace poco, me dijo una amiga, que desde que se cambió de la Iglesia Católica a otra distinta, vive mejor y hace más cosas buenas, y hasta ha logrado deshacerse de vicios. Podemos con esto concluir que en muchas otras «iglesias» (recuerda que es el cuerpo místico de Cristo, y ni modo que tuviera varios cuerpos) algo bueno debe haber, y si aunque sea eso bueno se vive, se pueden lograr buenas cosas; pero es necesario hacer notar que si ella hubiera vivido todo lo bueno que tiene nuestra Iglesia, simplemente llegaría a niveles como el de la Madre Teresa de Calcuta: a la santidad.

Si nosotros la viviéramos, la conociéramos y la amáramos, nos daríamos cuenta de todas sus características y podríamos sacarle más fruto que cualquiera de las otras. Es importante que usemos los medios que nos ofrece la Iglesia Católica, como ir a Misa, confesarse, leer la Biblia, participar en grupos parroquiales, conocer la palabra y escritos del Santo Padre. Es importante conocer, amar y vivir lo que en ella se enseña.

Notas de la Biblia

1. San Juan 17, 20, nos habla de cómo Cristo es quien convoca la Iglesia, nos invita a que seamos una sola Iglesia.

2. Carta a los Efesios 4,4, nos describe la Iglesia que predicaba San Pablo, una sola.

En resumen:

– Cristo fundó la Iglesia, la única y auténtica depositaria de lo que Dios quiere de nosotros, y puso a Pedro y a sus sucesores, los Papas, para reconocerla como la verdadera y para guiarla.

– Un católico que no vive dentro de las líneas de la Iglesia, es como un tren que decide no seguir las vías… ¿has oído de las consecuencias de un descarrilamiento?

– Hay personas que hacen su propia iglesia porque no quieren seguir reglas ni obedecer; por comodidad.

– Un verdadero miembro de la Iglesia vive diariamente el mandato de Jesús: «Id por todo el mundo, y predicad el Evangelio…»

– Si viviéramos en profundidad todo lo que la Iglesia Católica nos recomienda, llegaríamos al máximo nivel y plenitud que un hombre y una mujer pueden llegar: la santidad. 

 

 

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